domingo, noviembre 26, 2017

deslealtad

Situación extraña y penosa la de la exalcaldesa de Lima Susana Villarán. Como bien dicen los opinólogos, esto no es más que un durísimo golpe a la izquierda peruana.
Recuerdo la campaña contra la revocatoria. Quien esto escribe votó por el NO, y no porque considerara eficiente la gestión de Villarán, sino porque el orden democrático no podía alterarse a cuenta de inmediatos intereses políticos. A lo dicho, siempre me mostré contrario a la manera en que condujo su gestión edil.
Aún sigo convencido de su incapacidad de gestión, pero también tenía la seguridad de que se trataba de una mujer que no había entrado al ruedo político para llenarse los bolsillos. Su problema, que sigo sosteniendo, fue ser dueña de la tara mayor de toda la izquierda peruana: desconexión con la realidad de la que dicen preocuparse. Solo así pueden entenderse los grandes desaciertos urbanos y en transporte que hasta el día de hoy siguen afectando a cientos de miles de limeños.
Ahora, lo que sí me ha sorprendido, y disculparán mi grado de ingenuidad, es la forma en que sus otroras colaboradores han zafado del asunto. No solo hablamos de silencios estratégicos, sino de una aberrante falta de lealtad hacia la persona por la que son lo que son en la política peruana. Sin Villarán, no tendríamos nuevas presencias políticas en nuestra izquierda. Sin ella, simplemente, no existiría esta sarta de desleales que han decidido proteger sus adiposos culos y no verse en el triste cuestionamiento de su exlíder.
Según ellos, nunca percibieron nada extraño en la campaña contra la revocatoria. Juraban que el dinero provenía de las cuentas de Lerner. Ahuevados, seudopendejos: para todos era evidente que esa campaña fue una de las más caras en la historia electoral de este país. Contrataron al mejor asesor electoral, el avieso y siniestro Luis Favre, y, tal y como se pudo ver, la puesta en escena de la campaña exhibió un patente derroche de dinero.
En este sentido, los fujimoristas y los apristas, así sea en su sectarismo y compartida inmoralidad, muestran una lealtad con sus también cuestionados líderes. En la vida, así en la política y en cualquier nivel de interacción social, la lealtad es un valor en sí mismo que no puede condicionarse de buenas a primeras. 
No sé cómo salga Villarán de este embrollo que la puede mandar a la cárcel, pero lo que es claro es que la izquierda ya no será la misma. La gente de a pie, aquella que se gana el pan día a día, y que poco o nada está pendiente de los discursos izquierdistas y derechistas, ve lo que ve en las calles: miles de hermanos venezolanos sobreviviendo como ambulantes en toda la ciudad de Lima, venezolanos que huyen de un sistema de izquierda que solo les ha traído hambre, miseria, muerte y violencia. Esa es la izquierda para millones de peruanos, a ello, habría que sumar que es tan corrupta como la derecha, y claro, también muy desleal.

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