viernes, diciembre 22, 2017

película ochentera

Como muchos –bueno, prefiero pensar que así es–, espero que los días de este mes corran rápido. Para evitar las prisas, me ensimismo más de lo habitual, sin embargo, llega el momento en que tienes que salir para cumplir con las inevitables obligaciones, como comprar los regalos.
No es nada complicado hallar lo que busco, que se puede encontrar en cualquier centro comercial. Entonces, aprovecho el lugar más cercano y me dirijo a la Rambla de San Borja. En el trayecto, pienso en lo que haré más allá de las compras. Tomar un café es un hecho, pero también se me antoja ver una película, algo para pasar el rato.
Lo suponía pero no lo imaginaba: el centro comercial invadido de miles de personas. Mi carácter antisocial se refuerza y la timidez es el mejor refugio ante la salvaje algarabía. Esta situación obedece a la cercanía de la Noche Buena, pero tal y como relata más de una amistad ligada a los negocios, esta concurrencia sucede a causa de la tranquilidad que suscita la “estabilidad” política, ahora la gente está dispuesta a gastar y agotar el crédito de sus tarjetas, cosa que no venía ocurriendo en la última semana.
No demoro en darme cuenta de que mi presencia es inútil. No lo pienso más, regresaré el sábado a primera hora y haré las compras en quince minutos. Me dirijo a Cineplanet y su cartelera me parece de lo más insultante. Busco un café, pero todos tienen las mesas ocupadas. En uno de ellos, una pareja acaba de pedir la cuenta, entonces me detengo, a prudente distancia para apoderarme de esa mesa que también es deseada por una pareja pulpín.
Coloco sobre la mesa el último libro de Iain Sinclair. Mando también algunos mensajes por wsp y un contacto me dice que ha visto un hueco en Polvos Azules en donde se pueden encontrar películas comerciales de los ochenta. Mi pata –uno de esos benditos enfermos en películas olvidables– siempre está a la caza de ellas. Su vida emocional se justifica en las películas de esos años. No dudo pues en preguntarle por una que no hallo en muchos años, que vi a los ocho años, creo. Le pido el favor que pregunte por Death before dishonor de Terry Leonard, protagonizada por Fred Dyer, actor que se hizo conocido por estos lares por El cazador, serie policial transmitida por Canal 9. En la película de Leonard, Dyer interpreta a un sargento al mando de un comando de élite que resguarda la embajada norteamericana en un país árabe llamado Jamal. A este trabajo solo le interesa entretener y en ese fin cumple, imponiéndose a muchas películas ochenteras que abordaban el conflicto bélico y de espionaje de Medio Oriente, que en el contexto de su estreno gozaba de un acicate: el éxito del primer Rambo.
Acción y patriotismo. No había que pensar mucho para saber quiénes eran los buenos y los malos. Dyer y los suyos tienen que cumplir varias misiones antes de volver a su país, como desmantelar la cédula de una organización terrorista que flagela el "pacífico" país de Jamal, como también rescatar a un secuestrado coronel gringo. 
La memoria cinematográfica no solo está compuesta de clásicos y títulos de culto, sino también de esas películas que te aseguraban un buen rato y esta de Leonard sin duda lo es.

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