miércoles, febrero 21, 2018

impacto/incomodidad visual

Anoche, mientras terminaba una reseña, busqué en la parrilla de Neftlix una película que días atrás me recomendó un buen amigo, de esos que fagocitan cine como si la vida dependiera de ello. Esta recomendación, hay que decirlo, venía condimentada por su fascinación por Nicole Kidman, cosa que puedo entender. Hormonas de lado, consignemos que The Paperboy, de Lee Daniels, compitió en el Cannes del 2012, además, fue la película que Pedro Almodóvar desistió dirigir en inglés. Lo que sí me pareció interesante fue la presencia, aparte de la maravillosa australiana, de John Cusack y del cada vez más talentoso Mathew McConaughey. Con este trío de actores me bastó y sobró.
Pese a que la mayoría de comentarios señalen que la película está hecha para el lucimiento de la joven estrella Zac Efron, es el personaje interpretado por Kidman, Charlotte Bless, el que la sostiene. La razón es muy simple: aquí nos hallamos ante una historia que se justifica por su aliento erótico, tampoco dejemos de destacar la excelente fotografía que hace verosímil su contexto, el convulso 1969 para la sociedad norteamericana.
Acompañamos a los periodistas del Miami Times Ward Jansen (McConaughey) y Yardley Acheman (David Oyelowo), quienes pretenden desenmarañar el asesinato de Call, jefe policial blanco odiado por su racismo, como también indagar en la culpabilidad del cazador de cocodrilos Hillary Van Welter (Cusack).  Los hombres de prensa se movilizan hasta el lugar del crimen para recoger toda la información posible, pero en este punto, la historia no solo abandona la linealidad narrativa, sino que el objetivo de la trama se vuelve gaseoso gracias a la presencia de Bless, mujer madura y sensual que tiene la costumbre de escribir cartas de amor a presos condenados a muerte. Bless es el objeto del deseo del confundido Jack Jansen (Efron), hermano de Ward, quien le pide que lo guíe por ese pueblo del centro de Florida. Ward, se deduce, es el hermano exitoso, el periodista de prestigio, en cambio Jack el hermano menor sin rumbo en la vida y que trabaja para el periódico de su padre repartiendo las ediciones del día.
Ward y Yardley investigan, Bless coquetea con Jack, y Hillary anhela consumar su contenido deseo sexual con Bless (en la entrevista en la cárcel: la ansiosa violencia de Hillary ante la masturbación de Bless marca la pauta de la película, porque se revela la verdadera razón de Ward en ese pueblo rodeado de pantanos). Nos percatamos que poco importa si se llega o no a descubrir al asesino de Call. Se ponen de manifiesto otros aspectos, prestemos atención a los cortes de escena marcados por la sensación onírica, que terminan ubicando a la película de Daniels en una poética humedad sepia. Asistimos, en este sentido, a una pérdida de rumbo que se recompone gracias a la participación histriónica y narrativa de Ana (Macy Gray), empleada del hogar del patriarca Jansen.
Sin Bless, The paperboy es nada, solo tendría a Jack como eje temático. En este personaje de Kidman confluye la tensión de los personajes, como también las escenas perdurables, no por su logro estético, sino por su impacto/incomodidad visual, por ejemplo, cuando ella se sienta sobre Jack para orinar en su cuerpo atacado por malaguas, del mismo modo el rescate que hace de Ward luego de ser sodomizado por un par de negros. 
No siempre las películas quedan en la memoria por su detallada orfebrería. The paperboy es irregular, pero tiene actores que garantizan la magia en ciertos pasajes, su conexión con el espectador.

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