jueves, marzo 03, 2016

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En la mañana, mientras terminaba de leer una novela, recibo la llamada de un pata. Este pata es un buen pata, cada vez que intercambiamos opiniones, por lo general bajo el ánimo del discurso encontrado, suele mostrarse muy apasionado e irracional.
Así es como debería asumirse la vida, sin el peso de la razón, sin analizar las cosas hasta la raíz cuadrada.
Me sirvo un vaso de chicha, el vaso de chicha más helado de toda mi vida, mínimo, con este calor de mierda. Escucho lo que me dice, pero no le presto atención, porque me encuentro confeccionando una entrevista. Pero entre lo que escucho, percibo su ánimo, ya que él quiere que hagamos guardia en el local partidario de Verónika Mendoza, que fue atacado hace unos días por la bufalada aprista. No hay duda, este compadre está pasado de tragos, pero no niego que de vez en cuando me gusta escuchar esta clase de estupideces, que tienen un aliento aventurero, pero ese aliento estaba bien un tiempo atrás, no ahora, en este tiempo en el que me muevo más por convicciones que por otros intereses, sean políticos, pecuniarios y hormonales.
Las cosas cambian cuando él dice que manejo un doble discurso, recién entonces reparo en lo que dice, porque tampoco pienso callarlo y cortarle la llamada. ¿A qué viene el doble discurso? Está huevón. Pero no, quizá ese doble discurso obedezca a que mi grado de compromiso solo se suscriba al acto verbal, que no paso a la acción, que solo me quedo en buenas intenciones valiéndome de la revolución de las redes sociales. Claro, cómo no ir al local de FA, cómo no hacer nada por una candidata que ha criticado y marcado distancia de la dictadura venezolana, puesto que ha sido la primera en abogar por los presos políticos que ha encerrado el loco de Maduro, que jamás firmó el permiso de extracción de la cagada que hizo Petroperú en la selva amazónica.
Sí, este pata tiene razón. Tengo un doble discurso y no me quedaré en meras palabras. 
Dejo de hacer mis cosas, que no son prioridad. Me alisto y chapo el primer taxi que me lleve a la Plaza Bolognesi. Estoy preparado para romper cabezas apristas.

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