sábado, julio 23, 2016

499

Me levanto temprano y siento un hambre descomunal.
Pero antes, el café de rigor. Onur, por su parte, jugando con el talón de mi calzado.
Le grito pero no hace caso.
El café humeante, en su punto. Lo justo para desperezarme en esta mañana.
Anoche, luego de la conversa con Iparraguirre en El Virrey de Lima, me dirigí a una farmacia, a la búsqueda de las pastillas que den por terminada esta semana en la que me he privado de todo, semana que reunió todos los males temidos por este servidor, malestar que me hizo pensar en si había hecho algo malo en los últimos meses.
Lo que sé, es que semana como esta no volveré a pasar ni a balazos.
En el trayecto a la farmacia, en la única que confío del centro, ubicada frente al Hospital Loayza, y muy cerca de Los tres continentes, me cruzo con un Zepita anónimo, al que saludo porque no lo veía en mucho tiempo. Me hizo la taba por un par de cuadras, las suficientes para saber de su preocupación por el comportamiento de “Cachetada Nocturna”. En realidad, no me sorprendía lo que me contaba el Zepita anónimo. En el mundo de “Cachetada” todo es posible. Y cuando lo vea, lo voy a cuadrar. O sea, este mal llamado “Faulkner peruano” viene siendo víctima de un atarantamiento conceptual, puesto que el Copé de Novela no es el Pulitzer, y si en caso lo fuera, eso no es justificación para insultar y escupir a un colega que en la práctica, y que sin necesidad de valerse de los premios pasados (Copé incluido), la viene rompiendo con su último libro.
Eso es lo que pasa cuando solo escribes motivado por la concursografía, peor cuando no sabes manejar la suerte si en caso hayas ganado.
Sin duda, ganar un concurso ayuda en lo económico.
¿Pero acaso un concurso es garantía de calidad literaria?
En los últimos años, ¿cuántas novelas y cuentos ganadores del Copé podemos llamar referentes y axiales para la narrativa peruana? Me refiero pues a la instancia que literariamente te coloca más allá del premio como tal, esa instancia que te permite un diálogo con los lectores sin depender de la algarabía de la inmediatez.
Un breve recorrido en la historia del Copé, tanto en narrativa y poesía, nos arroja un magro número de títulos a considerar.
Mientras me sirvo un triple, y aprovecho en volver a llenar mi taza con buen café, pienso en que debería haber un sinceramiento de opinión por parte de sus ganadores, es decir, confirmar la obviedad, dejarnos de cojudeces: el Copé es importante por el dinero, por eso. 
Pese a los años del premio, a este aún le falta cumplir con esa cuota de trascendencia literaria que lo eleve a la legitimidad. Sé, sin duda, que puedo estar pecando de injusto, a lo mejor, y ojalá sea así, pero se trata de un pecado de buena intención, que me permitirá en estos días llevar a cabo una revisión en la BNP de las novelas y cuentos ganadores del Copé de los últimos años. Solo así, y en parte, a manera de involuntaria extensión, también podré entender el mundo bizarro y estrafalario de “Cachetada nocturna”.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Buen tema a desentrañar: hacer un recorrido por las obras de los ganadores de concursos de Caretas, Copé, y algún otro tradicional. Sería paja que alguien (tú, disculpa) ponga las verdaderas y falsas virtudes de los galardonados. Chau.

7:15 p.m.  

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