lunes, agosto 15, 2016

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Sin pensarlo, y qué mejor cuando haces las cosas sin planificarlas, me sumergí en una maratón de películas de Woody Allen.
Acababa de ordenar mi estudio y me dispuse a leer una novela de Escanlar, pero antes de hacerlo, me percaté de que mis películas en DVD estaban desordenadas, con una fila a punto de caer como fichas de dominó, pero al vacío. Entonces, me puse de pie para ordenar y prevenir esa posible tragedia. No me imagino el ruido que harían de caer las películas, y lo más jodido, mi molestia sin atisbo de calma, porque me cuesta muchísimo dormir, tengo el sueño muy sensible, detalle y gracia del insomnio. Mientras acomodaba esa fila de películas, dos de Woody Allen llamaron mi atención: Deconstructing Harry y Celebrity.
Esas dos películas fueron el inicio de una maratón que se extendió por cerca de ocho horas, en las que repasé las películas que más me gustan de este director, en una suerte de limpia del alma o del gusto, no pocas veces amenazado por la inevitable realidad, pero de inevitable realidad no es de lo que quiero hablar por el momento, puesto que los ecos de la marcha del sábado seguían su curso, marcando la pauta temática de las conversas e impresiones, y eso me parece de la putamadre, porque fue un suceso histórico, ajeno a la utilización que del mismo hace más de uno viene realizando en las redes sociales, a saber, las fotos de su participación. Un pata me hizo su comentario al respecto, resaltando, tan propio en él, un tono de burla hacia las participantes del sábado, las que a como de lugar quieren manifestar ante los demás que estuvieron allí
Capté su idea y entendí al instante su disparate interpretativo. Que más de una haya querido manifestar su participación en la marcha, no es el punto de discusión. Los patas somos peores al momento de figurar, sino, y para reforzar lo dicho, veamos lo que son capaces de hacer nuestros escritores con tal de aparecer así sea del estribo en los saraos literarios. En fin, lo que mi pata no entendía a causa de su inteligencia horadada por una oligofrénica vehemencia para lanzar conceptos y críticas, es que para miles de mujeres se trataba de la primera marcha que hacían en sus vidas. Si la marcha fue lo que fue, si significó lo que significó, se debió a esas mujeres que veían esto de las marchas y protestas por tv o internet. Eso es lo que hace de la marcha del sábado un suceso histórico, que como tal, merece ser promocionado y registrado todas las veces posibles, porque solo así, con la llama del fuego temático, evitaremos uno de nuestros más peligrosos lastres: el olvido rápido.

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