viernes, diciembre 30, 2016

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Bueno, ayer sí me mandé una desaparecida salvaje todo el día. Sales de tu casa, golpe de 10, con la idea de regresar a las dos horas, pero nada en tus planes, ni en sus alteraciones, te hubiera hecho pensar que regresarías en la madrugada de hoy viernes, golpe de 3, cargado de libros, impregnado de revelaciones, pero también con muchas ganas de dormir, lo cual es un hecho inaudito a aprovechar, con mayor razón si tienes problemas para conciliar el sueño, sueño que obedecía a la caminata que me di por varios distritos, sin importarme la inclemencia del sol, que ha dejado su marca en mi nariz.
Pero la caminata valió la pena, no se puede sudar tanto como ayer, y algo me dice que seguiré en esa práctica, la que hará que baje algo de peso; la caminata valió la pena porque un buen amigo me regaló la poesía completa de Lezama Lima, en la edición de Sexto Piso. Librazo, pues. Mi caminata me llevó también a conocer una librería, que me costó ubicarla. Como estaba en Barranco, me encaminé hacia ella, aunque la naturalidad de mis pasos me llevó en principio a La Libre, hecho que me di cuenta en la puerta de la librería, a menos de medio paso para entrar. Conozco la librería, pero la idea era conocer la otra, ubicada en la misma calle que esta y me lancé a su búsqueda. De lo que no me dijeron es que la nueva librería se ubicaba dentro de otro local, pero una vez solucionada la confusión pude conocer Babel.
No estuve mucho tiempo, pero volveré a pasar con más calma. Pero lo que sí noté es que Babel, al igual que La Libre, es una librería con personalidad. Últimamente vengo usando esa palabra, y salvo excepciones en el mundo del comercio del libro, pocos parecen o quieren entender la resonancia de lo que se quiere decir con personalidad, que no es más que compromiso con el libro, compromiso que forja el perfil del librero. Aunque claro, la personalidad tampoco es garantía de éxito, pero la personalidad es el factor que diferencia y diferencia es lo que se necesita a gritos en el mundillo peruano del libro. Por ejemplo: ¿llamaríamos librero al chancho mercachifle que dirige la librería Época? 
Ya más despejado, me pongo a escuchar el Bloodflowers de The Cure, que no escuchaba en mucho tiempo. Al ritmo de las primeras canciones me pierdo en esta mañana frente a una página en Word, en la que paso a limpio las páginas escritas en una de mis libretas, páginas que dan cuenta de una experiencia límite vivida en 2008, que decidí consignar por escrito a pedido de algunos amigos que han conocido la historia de lo que casi me pasa en esos días en la ciudad más bonita de Colombia. Bueno, a veces las experiencias de uno se ven distintas, y sobredimensionadas para uno, ante los demás.

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