viernes, febrero 10, 2017

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Cuando salgo a correr, de noche, me voy a La Videna. A diferencia de otras ocasiones, ahora estuve corriendo con poca gente. En los audífonos suenan algunos temas de Depeche Mode y pienso también en la brutal novela Nefando, de la narradora ecuatoriana Mónica Ojeda, a quien le haré una entrevista. 
Sigo en lo mío, pero percibo en los transeúntes y en los autos que desfilan, una especie de alegría en su proyección etérea.
El motivo de esa alegría: la U viene perdiendo su partido ante el Capiatá de Paraguay. Un partido que para un equipo de jerarquía le significaría un mero trámite, puesto que los cremas ganaron por dos goles de diferencia en su partido de visita la semana pasada. Pero no, esta derrota de la U es un golpe duro a la amarga alegría crema que profesan sus hinchas.
A diferencia de otros blanquiazules, no me alegro de esta derrota. Pero ello no impide que me burle de las estupideces del fanatismo. En cuestión de estupideces cremas, aún recuerdo -durante mis años adolescentes, entre 1992 y 1994- la existencia de Y dale U de Radio Ovación. Como su nombre lo indica, se trataba de un programa que daba cuenta del día a día del club crema, que en esas épocas tenía sus instalaciones en el barrio Odriozola de Breña. Los encargados de dirigir el programa: Karla Balarín y Leo Rojas (no confundir con el ex jugador). Gracias a este par de mentes privilegiadas pude entender la esencia del sentimiento crema, su sello de agua: la amargura de su alegría 
No recuerdo programa alguno en que se haya hablado de las virtudes del equipo del que eran hinchas. Más bien, su conducción estaba pautada por el antialiancismo. Y en este aliancismo fui testigo de estupideces monumentales. Podría citar y reírme. Pero me quedo con esta: declarar que Jorge Amado Núnez había demostrado ser mucho más jugador que César Cueto en su mejor momento.

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