domingo, febrero 26, 2017

el intelectual barato 2.0

Las tardes de verano las consagro a la relectura de los clásicos. Hace unas horas terminé Las ilusiones perdidas de Balzac y quedé tan arrebatado como la última vez que la releí hace ocho años, y también en las tardes de la última semana de febrero. Pues bien, aunque no es precisamente un clásico, considero que El pez en el agua de Mario Vargas Llosa bien puede ser considerado como tal, sin temor a las advertencias de los puristas.
En este libro encontramos el capítulo El intelectual barato, que seguramente más de una referente pluma nacional preferirá olvidar o, en todo caso, no desear que jamás se mencione su nombre en relación a ese capítulo, con mayor razón cuando más de un aludido ha hecho las paces con nuestro Nobel de Literatura.
En este capítulo Vargas Llosa no muestra piedad contra los intelectuales y escritores que lo atacaron durante la campaña presidencial que perdió ante Fujimori. Lo contado en estas líneas bien podría justificar más de una visita a las hemerotecas y así confirmar lo que cuenta el Nobel, puesto que esos ataques se publicaron en los diarios de la segunda mitad de los ochenta.
Más allá de algunos excesos conceptuales, VLl señala lo siguiente: “En lo que a mí se refiere, me merece respeto el intelectual o el político que dice lo que cree, hace lo que dice y no utiliza las ideas y las palabras como una coartada para el arribismo”.
Es decir: lo que VLl busca es coherencia en el creador e intelectual peruano, no importa si este es de derecha o de izquierda, o un indefinido. No es poca cosa, puesto que en el desarrollo del capítulo, VLl incide en que esta ausencia de coherencia trae consigo un resultado por demás bochornoso: la casi inexistencia del intelectual peruano digno de respeto.
Mientras releía el capítulo, me fue imposible no pensar en nuestras actuales voces, dueñas y amas de la verdad y la moral, autoerigidas como las metáforas de la limpieza del pensamiento y conducta en las redes sociales. Pienso en el representante mayor de esta metáfora: el resucitado Gustavo Faverón, quien viene borrando con el codo el discurso moral y justiciero que exhibió en la campaña electoral pasada. Su incoherencia no es esclava de la ideología o preferencia política, sino de la amistad que se proyecta como broma de mal gusto y que revela la negación de la cualidad que debe exhibir todo intelectual: la autocrítica. Un intelectual sin autocrítica, incapaz de reconocer que se equivocó, no es más que un oportunista, tal y como enseña el maestro Hitchens.
Lógico. Nadie se imaginaba lo que la bomba de Odebrecht iba desatar en nuestra sociedad, bomba de la que cada día somos testigos de un nuevo capítulo. Por ello, genera repulsa el apoyo a Nadine Heredia por parte de Faverón, que viene cremando recursos intelectivos, pasando por agua tibia, relativizando, la acusación mayor que pesa sobre su amiga: haber recibido 3 millones de dólares de Odebrecht.
El discurso del intelectual contra la corrupción no puede ser maculado por el buenagentismo ni el rancio amiguismo. Hablamos de un discurso que hoy en día debe exhibir una limpieza moral, porque solo en esta limpieza se puede marcar una clara diferencia del lastre que se critica. No puedo darme el lujo de ser un Kamikaze: doy palo y patadas al sucio clan naranja de Keiko Fujimori y me tiro al suelo defendiendo a mi amiga Nadine. No pues, hijo: corrupción es corrupción. A menos que vengas impartiendo una nueva cátedra de la que no me he dado cuenta: La anticorrupción del vasallo.
Ahora, lo que deberían hacer los intelectuales peruanos que apoyaron a Ollanta Humala en la campaña presidencial del 2011, muy en especial aquellos que lo hicieron desde el principio (quien esto escribe votó por Humala en la segunda vuelta, o sea, contra Keiko), es autocriticarse y Deletear la impostura de la sorpresa ante los hechos presentes. Muchos creyeron en esa candidatura, pero no sabían lo que ahora sí: Ollanta Humala era el candidato, la apuesta mayor, de Odebrecht. Por ello, el discurso del intelectual peruano en estos tiempos por demás sensibles está llamado a mostrar coherencia, y la autocrítica es parte de esta. Si te equivocaste en su momento, pues te equivocaste, lo aceptas y para adelante, con la cabeza en alto, sin el temor a que te caiga un lapo que desdibuje tu Reality moralista.
Por otra parte, bien sabemos que la gran mayoría de intelectuales y escritores peruanos dicen abrigar los principios de la izquierda. Como ya he indicado antes, si la izquierda peruana fuera normal, yo también me consideraría de izquierda, y sería mucho más salvaje de los que vemos, oh vaya novedad, también en las redes sociales. En este sentido, he sido testigo, en estos últimos días, de la incoherencia del intelectual peruano de izquierda. Entiendo que más de uno no acepte lo que pasa en Venezuela, negando el sufrimiento del pueblo venezolano y justificando el encarcelamiento de los presos políticos de Nicolás Maduro. Puedo entender, mas nunca justificar, esta ahuevonada complicidad chicoteada por la ideología. Lo que sí me cuesta aceptar ha sido el silencio, la defensa sin firmeza, que desde muchos sectores de la izquierda local, específicamente el de los escritores identificados con ella, se ha mostrado con el gran poeta nicaragüense Ernesto Cardenal.
Cuando más se necesitaba de los berrinchosos, de las bestezuelas de la zurda, estos han optado por la inconsecuencia: no decir nada porque el atropello contra este poeta de 92 años provenía de la dictadura de Daniel Ortega; así es, de una dictadura de izquierda. Las bestezuelas izquierdozas de la literatura peruana prefirieron condenar en silencio a Ortega, actitud pusilánime que los metamorfoseó en castrados espectadores del abierto apoyo a Cardenal por parte de la derecha. Había que defender en discurso a este estupendo poeta, y no por ser de izquierda, sino por sentido común, en sintonía con un prójimo que estaba siendo víctima de un abuso. Por ejemplo, me entristece la actitud del próximo presidente peruano, así es, mi pata, mi causita, mi chocherita, mi bró “Chiboliné du France”, que prefirió disparar para otro lado cuando más se necesitaba de su indignado histrionismo virtual. Para variar, nuestro pequeño guachimán, nuestro Conancito que se enfrenta a las tinieblas del mundo neoliberal, volvió a hacer miau. Mira, mascota, te la pongo así: si pretendes gobernar este país de bellas montañas y hermosas tierras, tienes que fa-jar-te por los Principios y no hacer hueco en la tierrita cada vez que tu ideología ingresa a las parcelas del entredicho. 
Y para terminar: que el presente contexto político marcado por la corrupción nos lleve a la reflexión. Podemos considerarnos intelectuales, con virtudes e ineludibles defectos, y como tales, estamos llamados a honrar con acciones los valores y principios que transmitimos desde nuestras trincheras discursivas. La coherencia hace la diferencia entre un intelectual de buena voluntad y un intelectual barato. Marito tenía razón.

7 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Jjajajajajajaja
Un gran post, estmado Gabriel. Mucha verdad, con ají.

12:40 a.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Harto poser en el mundillo culturoso nacional. Bien ahí con esa patada.

4:26 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Chiboline du Francé, la kgd eres, oe! Jua juajua !

5:41 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

AYAYAYAYAYAYAYYYYYY
Directo a la yugular, G. Hasta los intelectuales están podridos en este país.

12:04 a.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Chiboliné du France jajajajajajajajajaja ta que te pasas

11:25 a.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Estimado Gabriel

Fui informado de tu post y lo he leído detenidamente. De acuerdo en todo, desde el aceitado Faveron a Chiboliné du France.

Fernando

12:51 p.m.  
Blogger Errante kb dijo...

De los intelectuales baratos también se aprende creo. Supongo q de no ser así, no hubiera surgido la oportunidad para ser observados y aprender. Incluso a usted mismo, le inspiran para escribir este post- "Errar quizas sera siempre reescribir ese mismo ensayo" [Creo incluso, que nuestra misma política aún atraviesa una etapa de pubertad]P.S. no soy intelectual, simplemente Pienso.

1:09 a.m.  

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