sábado, marzo 18, 2017

"cortes intensivos"

Publicado a fines de 2015, Cortes intensivos. Entrevistas y crónicas (posición.Editores) del poeta y crítico César Ángeles, ha tenido un tránsito por demás curioso. A menos que esté equivocado, su presencia en medios ha sido a las justas modesta, pero bueno, tampoco hagamos un drama de ello. Muchos libros pueden darse por bien servidos si consiguen cierta presencia en medios. Sea cual sea su visibilidad, es lo que menos debe importar. Lo que sí importaría del libro publicado es que este pueda generar una comunidad de lectores, solo así su existencia estaría por demás justificada.
La presente publicación no es una maravilla y por no serlo es que me gusta. En estas páginas Ángeles nos ofrece una selección de sus entrevistas y crónicas publicados entre 1986 y 2014, en las que es posible percibir su mayor cualidad en prácticamente todos los textos: personalidad en el punto vista. Del mismo modo asistimos a su mayor defecto: un egocentrismo que en más de un tramo le juega una mala pasada.
Tengamos en cuenta los años en los que aparecieron estos textos, en especial en el punto de partida que indica la cronología de la selección. La segunda mitad de los ochenta. En las entrevistas el autor nos entrega acercamientos llamativos, buenos e irregulares a personalidades de la literatura, el arte y el pensamiento peruanos. Pensemos en las realizadas a José Tola, Juan Javier Salazar, Enrique Polanco, Blanca Varela, Eduardo Chirinos, Washington Delgado, Antonio Cornejo Polar, Rodolfo Hinostroza, Alberto Flores Galindo, Martha Hildebrandt y Luis Lumbreras, y claro, imposible pasar por alto la excelente entrevista al poeta chileno Enrique Lihn.
Como indiqué líneas arriba, nos enfrentamos a un entrevistador con personalidad, y la sustancia de esta característica descansa en que Ángeles sí era un hijo de su tiempo, porque antes que periodista (y seguramente antes que poeta) era un entonces joven configurado por la convicción ideológica de izquierda, o por lo que podamos entender de esta. Por esa razón, su voz y puntos de vista potencian sus acechos. Sus entrevistados no se hubieran sentido en confianza sin esa especie de irreverencia, sueltos de las buenas formas al momento de responder, o reforzando y refutando una opinión del entrevistador. A saber, pienso en lo que dicen Varela y Chirinos.
En el prólogo, el autor nos indica que ha preferido mantener el carácter de las entrevistas, no ajustarlas a la perspectiva del tiempo, y presentarlas como testimonio de época. En este sentido, quedarme en la mera descripción atentaría contra un punto de vista contrario a lo que propone. Pienso en el prólogo de Miguel Gutiérrez a la segunda edición de La generación del 50: un mundo dividido. En el texto Gutiérrez lleva a cabo una autocrítica con ciertas posturas de su pasado político, mas esta autocrítica no alteró el contenido de su ensayo como tal. Nos hubiera gustado una actitud similar en Ángeles. Pues bien, así nos guste o no, sería mezquino no destacar la coherencia que la publicación exhibe en su prólogo y el contenido de sus entrevistas y crónicas. Además, si en el gran futuro la publicación llegara a generar un debate, y si este eventual debate se diera en relación a su prólogo, el autor quedaría despellejado.  
Entre los textos no suscritos a las entrevistas, prestemos atención a los dedicados a Antonio Cisneros, Víctor Humareda y Emilio Adolfo Westphalen, que cumplen su cometido: revisitar el legado cultural de estos artistas. Y para terminar, subrayemos que la lectura de Cortes intensivos resulta mucho más que interesante, no solo porque nos satisface, sino también porque incomoda. Eso: solo los libros que incomodan merecen leerse.

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