domingo, marzo 12, 2017

sobre librerías

Como ya lo he indicado más de una vez, los domingos son los días ideales para recorrer librerías. En realidad, no hay actividad más gustosa y este gusto obedece a un detalle excluyente: los domingos la gente está en sus casas.
Entonces salgo a la expectativa de lo que me deparará el periplo. A veces encuentras cosas interesantes y a veces no, la gracia es el recorrido. Esto lo sé porque consumo muchos libros. Sin embargo, como ya lo saben los seguidores del blog, un tiempo atrás estuve del otro lado, es decir, como librero. Entonces, la experiencia me ha enseñado sobre la relación existente entre el librero y el lector (o viceversa). Obviamente, cuando me refiero a librero, no lo hago en función del vendedor de libros, idea que viene generando más de una confusión que en esta ocasión no diferenciaré.
Mientras caminaba por El Olívar, calculando el tiempo porque a las cuatro jugaba Alianza Lima, opté por sentarme en el pasto, prendí un pucho, tomé algo de agua mineral y me puse a revisar algunos mensajes. De paso, navegué por algunas páginas culturales, encontrando una nota (no aparece el nombre de quien la firma) en El Dominical, Librerías: ciudades de papel.
Como se anuncia en el título, el texto va sobre las librerías, en cuanto a su importancia como espacio y también como negocio. Se trata de una comparación en principio abusiva, si es que somos maliciosos, pero de la que podríamos sacar algunas conclusiones sobre la realidad librera entre Argentina y Perú.
Por el lado de los argentinos, los testimonios de los libreros y editores Lucio Aquilanti (por cierto, hace un tiempo le hice una entrevista sobre Julio Cortázar) y Facundo Barisani. Ambos señalan la importancia de las librerías como espacios de discusión y formación de lectores. Brindan diferencias entre las librerías y las cadenas de librerías, pero ante todo, nos hablan de una política cultural que propicia la difusión de la lectura que lleva muchas décadas en el imaginario argentino. Sin esta cultura por la lectura, no estaríamos ante uno de los circuitos libreros más fuertes del mundo, que ha sabido sortear las crisis que en los últimos años han marcado al vecino país sureño.
Por otra parte, nos extraña, es que el encargado de la nota haya pasado por alto un libro de ensayo fundamental publicado en este nuevo siglo, su título: Librerías de Jorge Carrión. Se hacía necesaria esta referencia a modo de refuerzo de la gran verdad que dicen Aquilanti y Barisano. Las librerías se harán fuertes y podrían sobrevivir a toda clase de tormentas en función a la personalidad que construyan y a la proyección que vaya más allá de la rentabilidad de sus actividades. Aquilanti y Barisano son hijos de una tradición librera y en base a esa tradición buscan renovar y fortalecer su circuito librero.
Pues bien, la nota se desdibuja por completo cuando para hablar de la situación de las librerías locales se cita a Patricia Arévalo, vicepresidenta de La Cámara Peruana del Libro. No pongo en duda las capacidades intelectivas de Arévalo, pero su visión de la situación de las librerías peruanas sí me hace sospechar sobre su nulo conocimiento de la dimensión de la problemática librera en Perú. Cualquier persona que conozca de librerías no puede reducir su perspectiva de las mismas a lo que pasó con la cadena Crisol, menos arriesgarse a aseverar que hay un interés por el consumo de libros a razón del éxito de la última edición de la FIL y el “ánimo creciente” por esporádicas ferias. Pensar así es pensar en función a números y no en base a la solución: la formación de lectores. La no formación de lectores, la ausencia de políticas estatales y privadas que fomenten en todos sus niveles el hábito por la lectura es el verdadero lastre que en el caso de las librerías peruanas impide que estas no se puedan consolidar, ni como espacio cultural, ni como negocio que aspire a ser rentable. La tradición lectora genera tradición librera, la tradición librera genera soluciones en los tiempos de crisis.
Soy consciente de que a Arévalo se le consultó por un tema por demás complejo, pero en esa complejidad esperaba que haya hecho hincapié en lo que importaba, no en cuestiones signadas por la inmediatez.

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