domingo, marzo 26, 2017

cuando te prometen una gran novela

Días atrás acabé una novela de la que me esperaba asistir a la Experiencia.
Pues bien, asistí  a la experiencia, pero en minúscula.
No solo la tenía en el radar por las excelentes reseñas que venía recibiendo, sino también porque me fue recomendada por algunos lectores en quienes confío, además, y si en caso no lo he dicho ya aunque varias muestras de ello he brindado en el tiempo que llevo escribiendo sobre libros, tengo una predilección especial, digamos enfermiza, por las novelas de largo aliento. Nada más lejano de mí que el susto que enfrentarme a una novela de dimensiones que sobrepasan el medio millar de páginas.
En parte estoy de acuerdo con la valoración que viene generando la novela Ciudad en llamas de Garth Risk Hallberg. La recomiendo porque es una muy buena novela debut, que le augura a su autor un futuro no más que promisorio. Sin embargo, comencé a alterarme una vez pasada la mitad de la narración, a razón de una constante recurrencia a hacia los ejes temáticos (en este caso múltiples), que en lugar de potenciar la narración, la resentían en su impacto, en la administración de sus recursos. Bien sabemos que una novela de largo aliento no es ajena a su ripio, a sus inevitables zonas oscuras, que permiten descansar lo que se cuenta y de esta manera volver a coger el nervio narrativo. Sin embargo, GRH desdeña el ripio y se presta a un juego de perfección formal y estilística que no solo resta (indiquemos que al llegar a estas reiteraciones el lector ya está metido en la novela, lector que tendría que abandonar la lectura a causa de una fuerza mayor, a saber, un castigo de la naturaleza). Además, esta situación nos hace barajar algunas especulaciones extraliterarias sobre cómo es posible que se nos venda o prometa una gran novela cuando esta no es más que muy buena. En otras palabras: se nos entrega un producto, no un buen libro que hubiera sido un librazo de haber pasado por la poda. Ese es el caso de CELL.
Una novela como CELL es hija de la tradición novelística norteamericana. Mas su venta como gran novela, obra maestra, es producto de la mercadotecnia editorial, manejada por un agente literario que ha hecho muy bien su trabajo. Además, promocionar a un autor debutante (siempre y cuando sea talentoso) y su novela (lo básico, que sea buena) de poco más de mil páginas (he allí la gracia), solo se lo puede permitir una industria editorial como la gringa, generando una fuerza promocional que solo conoce saludos y entreguismo valorativo, como también se ha visto en sus cantadas traducciones. En este sentido, la crítica en español ha hecho muy poco, o casi nada, contra una novela que, sin su trabajada promoción, no sería lo que se nos presenta.

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