jueves, marzo 23, 2017

el estilo del cronista

Creo que ya es hora de no perder el tiempo en cuanto a la cualidad genérica de la crónica. Al respecto, y desde que tengo uso serio de razón, no he dejado de escuchar y leer sobre la esencia de su bastardía, que en su momento despertó alterados debates entre dos bandos, cada cual con sus argumentos y caprichos ridículos. Esta suerte de batalla discursiva entre puristas y los llamados heterodoxos nos ha impedido apreciar en su real dimensión las posibilidades que nos pueden ofrecer los registros insertados en lo que ahora se llama narrativa de no ficción, aunque la misma, como bien puede atestiguar el lector recurrente, siempre ha existido.
Tal y como indiqué, no hay que perder el tiempo. La experiencia literaria es la misma, así hablemos de ficción o no. En este sentido, así como hay malos escritores de ficción, también los tenemos en la otra ribera. Por ello, sería saludable, en cuanto a la no ficción que se escribe en español, comenzar a detectar a los maestros, a aquellos que en el curso de la narración nos hacen partícipes de la revelación narrativa y que solo puede ser generada por auténticos escritores de raza sin importar su registro de preferencia.
Por ello, ni bien ingresamos a las páginas del imprescindible Viaje al Macondo real y otras crónicas (Pepitas de calabaza, 2016) del colombiano Alberto Salcedo Ramos, somos testigos de una diferencia, o mejor dicho, de una marca de agua en alto relieve que lo ubica como un escritor distinto, mucho más verosímil que los dedicados a la ficción y muy artificioso en cuanto a los que ejercitan la no ficción. Esta suerte de falsa ambigüedad no es más que el canal que garantiza la viabilidad temática de sus crónicas, las que descansan en el crisol del que se alimenta la marca de la casa: el estilo.
A los buenos escritores los conocemos por su estilo. Y esta última entrega confirma una vez más el prestigio de ASR. Hablamos de un estilo potenciado en las lecturas, aunque lo dicho es una obviedad, porque se supone que todo escritor debe ser un lector irredento, mas este estilo parte de una base que debería más frecuentada por cualquier escritor, sin importar el registro de elección, base que nos lleva al asombro de la oralidad de la que nos alimentamos, principalmente, en la primera infancia. Eso: de la conjunción entre oralidad y lecturas, accedemos al ASR Style.
Textos como el homónimo que titula la presente publicación, en donde se nos dinamita el ideal que tenemos de uno de los espacios capitales para el imaginario literario universal para entregarnos uno mucho más real y atractivo; o aquel que nos hace parte de la resurrección existencial del futbolista uruguayo Darío Silva; o ese par de textos dedicados a la madre y a una amiga de infancia, en los que podríamos especular sobre la procedencia de la apuesta del autor por las historias reales, textos, por cierto, que solo nos puede entregar una pluma con autoridad. Nuestro autor nos relata de personajes signados por su peculiar cotidianidad, como también por la tragedia. En la mayoría de los diecinueve textos nos habla de la realidad colombiana, pero gracias a su estilo y mirada, nos situamos en un contexto mayor, el latinoamericano. Esa es pues la trascendencia en la escritura que consigue ASR.

… 

Publicado en SB

2 Comentarios:

Anonymous Patty Alva dijo...

Que buena reseña. He asistido a los talleres de Salcedo, todo un maestro

8:54 p.m.  
Anonymous Anónimo dijo...

oe Gabriel, y la reseña de la novela Cachetada Nocturna?

9:15 p.m.  

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