miércoles, marzo 22, 2017

escritores lacayos

Venía leyendo intercaladamente dos novelas que tranquilamente puedo recomendar, La séptima función del lenguaje de Laurent Binet y Basada en hechos reales de Delphine de Vigan, cuando sentí la necesidad de sumergirme de una buena vez en las memorias del siempre estupendo John Le Carré, Volar en círculos. Entonces, ya no eran dos, sino tres novelas que leía turnándome cada hora.
Me encontraba en esta actividad cuando recibo la llamada de mi pata Jeremy, quien me pregunta por el título de una novela que recomendé hace tiempo en este blog, novela de un escritor español que en los años noventa publicó una novela monumental. No lo pensé mucho, porque ese escritor que publicó una noventa monumental en los noventa fue Juan Manuel de Prada, quien con Las máscaras del héroe se ubicó como la voz narrativa con mayor proyección de su país. Por cierto, esta novela opacó a otros autores generacionales, la mayoría sin las dotes que sí exhibía De Prada, como también a autores con mucho talento, en este sentido pienso en Antonio Orejudo y su maravillosa novela Fabulosas narraciones por historias. Ambas novelas guardan más de un vínculo temático en común, pero cuando salió la del primero poco o nada pudo hacer la de Orejudo para generar la atención que merecía. Y para cerrar esta digresión: el tiempo ha ubicado a Orejudo como un autor digno de atención y a quien siempre leo con interés.
Pero algo ocurrió con De Prada. Luego de ganar en 1997 el Premio Planeta con La tempestad no volvió a ser el mismo, dejó de ser el autor que leía con admiración, y eso que le di más de una oportunidad a más de un título posterior. Por ello, motivado por la pregunta de Jeremy me puse a averiguar sobre De Prada, cuando encuentro esta entrevista en Youtube a razón de su última novela, Mirlo blanco, cisne negro (Espasa, 2016).
De la entrevista se deduce que en esta novela De Prada ha dejado la piel en el asador, porque la historia que cuenta tiene mucho de aquel joven de provincia que llegó a Madrid con una legitimidad literaria a cuestas. Y también se desprende de la entrevista que esta novela es un férreo ataque al mundo editorial español y a la función que cumple el escritor en esta industria capaz de no solo matar convicciones creativas, sino también la personalidad de los autores.
Así guste o no, las palabras del autor me hicieron pensar en la actitud que vengo percibiendo en más de un escritor local no necesariamente joven. No es para menos, las dos casas editoriales más fuertes han salido a la caza de nuevas voces, hecho que refleja el patente relevo que viene experimentando la narrativa peruana, si es que entendemos este contexto bajo los criterios de las poderosas casas editoriales, que en lo personal jamás los asumiré como norma valorativa, pero que sí me permiten ver de qué están hechos nuestro escritores, cada día más seditas, incapaces de mostrar una opinión discordante del implícito mandato común: no quedar mal con nadie.
Por ello, lo que cuenta De Prada no solo es la radiografía del sistema literario español, sino que también puede aplicarse esa misma radiografía en provincias editoriales como la peruana. Y como bien indica, solo sobreviven los fuertes, los que creen en la epifanía de su propuesta, aunque la tentación sea muy grande.  
Luego de ver la entrevista, hice un par de llamadas para saber si Mirlo blanco, cisne negro ya estaba en librerías limeñas, pero nada. Esperemos que algún día el Grupo Planeta traiga la novela.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Estupendo post Gabriel.

3:53 p.m.  

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