lunes, junio 05, 2017

larga noche

Luego de un sábado adrenalínico, regreso a la normalidad. Pongo en orden lo visto y vivido el fin de semana, y no solo me refiero al triunfo de Alianza Lima ante Universitario, un triunfo que bajó los humos a los cremas, que estaban seguros de que se iba a repetir el accidente del clásico anterior. Solo vi el primer tiempo en casa, porque debía estar en el CCPUCP para ver una película del ciclo de cine francés contemporáneo.
Llegué al centro cultural con tiempo, aunque sentí temor de toparme con una inmensa cola, tal y como suele suceder en estos ciclos. Pero no había nadie, entonces ocupé una mesa de la cafetería, ubicada frente a un televisor. Las atajadas de Butrón me depararon no solo la seguridad de que no se iba a perder, sino que también se podía ganar. El gol de Cruzado fue de otro partido, y no me sorprende, porque la magia con el balón es patrimonio blanquiazul.
Pedí un espresso y me limité a observar la puerta de entrada de la sala de proyección. Más allá de los mozos del café y un par de guardianes, yo era la única persona en el centro cultural, detalle fugaz que me llevó a mis años en la Filmoteca del Museo de Arte, cuando asistía a las proyecciones de última función de días de semana. Habré visto cientos de películas solo y quizá ese recuerdo sea el que me impida ir a las salas de cine, en las que mi paciencia se pone a prueba. 
Vi Eden (2014) de Mia Hansen Love. Las referencias reseñiles la hermanan con una maravilla: 24 Hour Party People de Winterbottom. Motivo suficiente para mirarla. Los minutos corrían y me asumía como un privilegiado porque no estaría expuesto a las tonterías de los espectadores, tonterías que no conoce de límites en los ambientes “cultos”, nunca falta alguien que reviente un chicle, olvide apagar el cel o programarlo en modo avión. La película empezaría en poco más de 15 minutos. Ante ello, se me antojó otro espresso, pero cuando llamé al mozo, me percaté de que una turba bajaba por las escaleras, proveniente de la sala de proyección del segundo piso. Muchos de los que salían se ubicaban en la cola para Eden. Sacrifiqué el segundo espresso y me abrí paso a patadas. Era el inicio de una salvaje noche de invierno.

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