martes, julio 18, 2017

vigencia hz

Mientras releo la nueva edición de Un par de vueltas por la realidad (Vivirsinenterarse, 2017) de Juan Ramírez Ruiz, me es imposible no preguntarme por la extraña situación del Movimiento Hora Zero. Extraña porque no tiene academia pero sí centenares de seguidores que se despliegan por generaciones, algo de lo que no pueden presumir otros grupos poéticos, que tienen academia, pero no seguidores. Pero no es el momento de las comparaciones, que llegarán y que se sumarán a las ya realizadas.
Más allá de sus postulados como movimiento y dejando de lado sus logros, excesos y fracasos, no olvidemos que en su cobijo se gestaron tres poemarios de indiscutida calidad, que perviven en vital juventud al día de hoy: Kenacort y Valium 10 de Jorge Pimentel, En los extramuros del mundo de Enrique Verástegui y este de JRR. Sin duda, hablamos de una primera etapa por demás privilegiada para cualquier movimiento literario en el mundo. Imagino aquella década del setenta, tan generosa en fervor poético, y asumo que esos tres poemarios significaron un acontecimiento, primero para sus autores, pero ante todo para los lectores de poesía peruana, los verdaderos responsables de la vigencia horazeriana. 
Habría que fijarnos en los libros, no en posturas dignas del exceso juvenil. Los libros son los que quedan al final y del movimiento horazeriano cada uno de sus integrantes ha sabido forjar una trayectoria, es decir, han bailado con su propio pañuelo. En ese sentido, y sin ser fanático del discurso horazeriano, se tiene que reconocer que estos poetas han jugado limpio y se han mostrado más coherentes en su relación con la poesía. Lo demás es poder, institucionalidad, academia, favores, argolla, lustrabotismo, arrastrismo, arribismo y demás maravillas.

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