martes, enero 02, 2018

¿perdonar y pasar la página?

Tenía planeado salir, o mejor dicho, estaba comprometido a hacerlo. Una caminata por La Punta y un almuerzo marino era la promesa, que terminé quebrando a razón de una ineludible maratón de Mad Max en Max Prime.
Volver a estas cuatro películas de George Miller fue un gran comienzo de año. Además se dio inicio a mis promesas por cumplir en el verano, en el que repasaré cerca de 200 películas, a razón de dos por día. Claro, este régimen no tendría sentido sin la disciplina que la sustenta y, en especial, él ánimo más relajado puesto que me encuentro en la etapa final de un libro que vengo editando.
La maratón comenzó a las 2 de la tarde y a las 8 de la noche acababa con Mad Max: Fury Road, que habré visto más de una decena de veces, siendo la última hace no más de un par de semanas. Por esa razón, la vi sin ver, carente de la atención que sí merecieron las películas precedentes. Debido a ello, aproveché para ponerme al día con algunos artículos de realidad nacional, pero también para ser testigo, una vez más, del privilegio que tenemos los lectores con tantos maravillosos opinólogos. En este sentido, uno no puede mantenerse al margen cuando hallas una entrevista al sociólogo Hugo Neira en El Comercio.
A Neira se le admira, de su bibliografía recomiendo Hacia la tercera mitad. Perú XVI – XX, del mismo modo el clásico Cuzco: tierra y muerte. Así es como tenemos que apreciar a este intelectual, en la dimensión de sus libros, no en la parcela acomodaticia de sus opiniones en entrevistas, en las que viene patinando como si fuera un primerizo. 
Nadie está en contra de la reconciliación. Sobre este punto surgido tras el indulto a Fujimori somos partícipes de más de una postura, siendo la ignorancia la base conducente de estas. Prefiero asumir el contexto de esa forma, de lo contrario pensaría en otra esencia de nuestro discurso nacional: la conchudez condimentada con insensibilidad. Sorprende ver cómo ha venido torciéndose la mirada social de Neira, prácticamente nos dice que hay que perdonar porque no nos queda otra, que el progreso económico yace en pasar la página. No tiene en cuenta que la reconciliación y el perdón están divorciados de los negociados y mentiras, con mayor razón cuando el responsable del indulto a Fujimori se mostró como un amoral al que no le importó, precisamente, el daño moral que le inyectó al país. Ni los que están en contra del indulto, ni los que están a favor de este, pueden estar de acuerdo en la manera en que este se dio. Ese amoral es un estadista para Neira.

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