sábado, abril 28, 2018

silencio


Ya lo he dicho más de una vez, las redes sociales son como bares, que como tales, albergan a las mentes más maravillosas del lugar común, a los dueños del pensamiento inmediato. No es para menos, quien no manifieste su punto de vista sobre la sucesos que marcan tendencia, queda relegado de la platea, conformándose con escuchar a los demás mientras picas las canchitas que quedan en el pote. En este sentido, ningún tópico se salva, todos son “comentables”, mientras más sonados, mejor para el emisor de ocasión.
Ante la tragedia ocurrida con Eyvi Ágreda, solo queda el silencio y luchar por una condena justa para el miserable que la quemó en un bus de transporte público.
Pero silencio es lo que menos podemos esperar de mujeres y hombres en este país de fierro, catre y botella. Prácticamente todos comentan el caso, la queja resulta ser el pretexto para llevar de contrabando la agenda política, el discurso ideológico, o simplemente el mero hecho de aparecer.
Que la sociedad peruana trata mal a sus mujeres, vaya qué novedad. Que estamos en un patriarcado y que la justicia protege a los agresores e incentiva el feminicidio, ya es moneda corriente.
Cada día estoy convencido de que este maltrato sistemático se reducirá cuando se sepa honrar en las cosas pequeñas los grandes discursos. Eso es lo que veo, a puro huevonazo/huevonaza que pregona defender a la Mujer siempre y cuando haya aforo, pero que se desentienden cuando los agresores son aliados, amigos o amigos del enemigo. Esto en cuanto a quienes se autodenominan la reserva moral e intelectual del país. 
Ha sido en los sectores que carecen de una formación letrada en donde he podido ver una postura crítica y real con lo sucedido con Ágreda. La condena y también el silencio.

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