lunes, abril 18, 2016

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Fin de semana dedicado a ver por segunda vez todas las temporadas de The House of Cards. Es lo mejor que he podido hacer luego de semanas signadas por el contexto político y sus cantadas mezquindades, aunque pensándolo bien, quizá haya sido contraproducente y recién pueda ver sus estragos en los próximos días. Como sea, me gustó mucho más la serie en esta nueva experiencia. Quedan en mi mente actuaciones redondas y mujeres, sí, mujerones en verdad, que son de temer. Pensemos en Claire Underwood, ¿cómo olvidarla? Para sacarse el sombrero con esta potencial bailarina de ballet.
De cuando en cuando detenía la visión de la serie para avanzar y terminar las novelas que vengo leyendo. De paso le daba un respiro a la lectora de DVD. Gran parte de esta maratón de THC se debe a que el viernes en la noche me compré una nueva lectora. Llevaba dos semanas viendo series y películas en las pantallas de las portátiles, a ese paso iba a matar mi vista, necesitaba pues la distancia de una pantalla normal. El viernes tuve tiempo y pude comprarme la lectora, pero hay un pensamiento/duda que me persigue, y este se debe a que mejor hubiese sido que me compre dos en lugar de una. Cuando se apagaron mis dos lectoras anteriores, lo hicieron con una diferencia de dos días. Todo indica que volveré a comprarme otra lectora. Al igual que las otras, a estas nuevas las voy a exigir al máximo. El ritmo era así y se supone que tiene que seguir sin alterarse: exigencia total a una durante la semana, y luego descanso de también una semana, semana en la que entra a actuar la otra lectora. Así estuve con las lectoras anteriores durante más de diez años. Pero bueno, hay que hacer algo, la modernidad llama, pero siempre llego tarde a la modernidad. Aún no me seduce del todo el Blu Ray, ni muchos adminículos de esta era digital y virtual. Bueno, no me sorprendo, si tarde más de ocho años en cambiar de teléfono móvil… 
Como sea, estas semanas se me antojan llenas de protestas, lo que me parece ideal, aunque ello no nos debe llevar a bajar la guardia, por más respiro que recién nos puedan ofrecer las encuestas, corremos el riesgo de ahuevarnos más de lo que ya estamos. Contra ese ahuevamiento hay que luchar.

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