martes, abril 12, 2016

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Saco a pasear a Onur por el parque.
El perro hace lo que tiene que hacer y con las mismas nos dirigimos a hacer las compras del desayuno.
A diferencia de las elecciones pasadas, en donde al día siguiente los resultados arrojaban a Keiko y Humala como los bolos para la segunda vuelta, he percibido tranquilidad entre las personas con las que me cruzaba, no solo esta mañana, también ayer lunes.
¿O es que el “Somethin´ Else” de Cannonball Adderley me hacía ver las cosas de otra manera?
Eso. Tranquilidad.
No debe sorprender, así nos vengan las consciencias morales del Perú que viven en el extranjero, advirtiéndonos que estamos por entrar al fin de los tiempos, en la más absoluta de las ignominias. Bueno, también lo dicen consciencias morales locales. En ambas posturas, percibo dos síntomas: una nefasta superioridad intelectual y una esforzada/impostada superioridad moral. Lo cierto es que nuestras voces morales, que nos hablan como si fuéramos borregos, no se han percatado de que al peruano promedio poco o nada le interesa el discurso político, menos de intelectuales de la revolución virtual, cuyas cantamañerías destilan un racismo por demás aberrante.
El asunto es simple y es producto del descuido que se ha tenido en estos quince años, tiempo perdido en el que se pudo desaparecer al fujimorismo, pero nada, no ha habido eso, y es precisamente esa razón por la que a la mayoría de peruanos les ha interesado votar por el bolsillo. Solo basta sacar pluma y ver la triste realidad, radiografía del fracaso de nuestra clase intelectual que solo se pone a chambear en el discurso en cada elección, aprovechada para lanzarnos los más alucinantes mensajes de cambio, esperanza y reconquista del Perú por los peruanos, como bien lo indicaron la chavista y el señorón.
Eso. Tranquilidad. La tranquilidad de la ignorancia, de la carencia de convicciones. Un país cuya mayoría vota por el legado de su gobierno más corrupto, uno de los más dictatoriales, es porque no solo está cagado, sino que es una prueba del poco trabajo ejercido, pautado por la ineficiencia, de su llamada clase pensante. 
Terminamos de hacer las compras. Caminamos de regreso a casa. No hay perro al que Onur no le busque la bronca. 

2 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Percibes tranquilidad porque sólo te mueves por Lima. Luego, cuando estallan en Bagua, en Puno, en Cusco, a última hora quieren saber qué carajo pasa.
Basta vivir un tiempo en Puno, conocer el ambiente universitario, los debates en los diarios y la tv regional, para cagarse de risa con estas frases propias de un limeño alienado:
"no se han percatado de que al peruano promedio poco o nada le interesa el discurso político"





12:16 p.m.  
Blogger Gabriel Ruiz Ortega dijo...

es un post descriptivo, estimado anónimo
y hay un señalamiento: el descuido de un discurso que haya permitido aplastar al fujimorismo, 15 años tirados al agua
hay una postura muy clara allí
a leer bien

saludos

12:21 p.m.  

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