martes, septiembre 20, 2016

poética y erótica

Por alguna extraña razón, el erotismo no ha sido muy abordado en la tradición narrativa peruana. Lo mejor es no especular sobre los motivos, más de un escándalo podría suscitar la potencial especulación. Aunque cuando he tenido la oportunidad de hablar al respecto con algunos narradores multitemáticos y todoregistros, he escuchado con contenida atención sus conceptos, los que casi me obligaron a pedirles, y encarecidamente, que llevaran un curso avanzado de lecturas eróticas. Confundían, pues, erotismo con pornografía. Sugerencia con explicitud. Verosimilitud con efecto burdo.
Obviamente, para escribir de las galaxias del erotismo, no solo hay que haber leído mucho sobre el asunto, sino también exhibir sin que se note aquello que llamamos conocimiento de causa. En principio, esta es la impresión que me dejó la lectura de novelita Santísima Trinidad del poeta Roger Santiváñez.
En su brevedad, su logro. En una posible extensión, fácil hubieran venido los problemas, que no solo resentirían el curso de la narración, sino que harían fracasar la verdadera intención del autor al publicar este librito: la historia personal del descubrimiento del goce sexual. Acierta el fundador de Kloaka al cumplir con el objetivo de estas páginas, pues llega a buen puerto, tranquilo y sin apuros: contarnos la historia del asombro que al narrador protagonista le produjo el descubrimiento del ya llamado goce sexual, sea este en el acto del placer y en su potencialidad ontológica.
El carácter fragmentario del libro ayuda a Santíváñez, al poeta que encuentra en estos pequeños sotos el terreno idóneo para plasmar su voltaje lírico que dora su prosa, funcional en el capricho estructural, porque en este camino, el narrador protagonista no se sujeta a los mandatos de la linealidad. En estas páginas se testimonia el tránsito sexual de Roy, a veces niño, enamoradizo de las niñas de su barrio, asombrado del vómito de palabras que le produce el corazón golpeado e ilusionado; otras veces joven, perdido en las calles terrosas de una Piura que ya no existe, o entregado a las noches subtes del Centro Histórico, recorriendo bares, hoteles, en estado constante de éxtasis, a la caza de la amada que revela su esencia en la exuberancia del detalle, en el aroma del sudor rutinario, o estas sensaciones juntas.
Pero lo que sostiene la sensación erótica en esta novelita es precisamente la palabra de Santiváñez, como bien lo diría él: “en poesía”. 
No sé cuál sea el futuro de Santísima trinidad, esta novelita de poeta, ajá, de poeta. Solo espero que siga en su curso natural: consiguiendo lectores a paso lento, pero firme.

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Hola
Tienes un blog interesante

Quisiera preguntarte si podrías recomendar las "novelas eróticas" que consideras las mejores o más gustaron . Creo que no hay mucha novelas de este tipo en el "olimpo" literario universal no?

Quizá tengas algunas

Un saludo cordial.

8:32 p.m.  

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