sábado, octubre 15, 2016

542

Me disponía a descansar, cuando encuentro, por gracia de la casualidad, Network (1976) de Sidney Lumet. La película, en su comercialización en español, recibió el título de Poder que mata. Sin duda, uno de sus mejores títulos, que para ser sincero, no recordaba bien. Así es que me acomodé, aunque antes me abastecí mi termo con café.
Cuando hervía el agua para el café, recordaba las películas que vi de este director estadounidense, y ese solo acto de recordar, ese poder capaz de hacerte brotar las conmociones que permanecían ocultas y embaladas en los recintos de la memoria emocional, me revelaron que de Lumet he aprendido más de lo que pensé que había aprendido, llevándome a los años en los que más de una vez vi ciclos dedicados a su obra. Lo que más recordaba de esos ciclos, a diferencia de los dedicados a otros autores, es que cada ciclo dedicado a este director era muy distinto del otro, con alguna que otra película referente, insustituible, entre ellos. No era para menos, Lumet fue un maestro, quizá no genial, pero de quien sí te podías dar el lujo de aprender. Es decir, narrativa sencilla, pero muy iluminadora cuando se trataba de contar historias.
Lumet respetaba la configuración básica que debe tener todo relato, así es: la configuración moral de sus personajes. Lumet partía de ese detalle que hoy en día se descuida demasiado en el cine, con directores más preocupados en cuestiones menores como, por ejemplo, los efectos especiales. Pienso en Lumet y pienso en un director muy comercial. Sus películas eran muy vistas y apreciadas, aunque también no eran ajenas a la irregularidad, pero hablamos de una irregularidad entendible, puesto que Lumet era un director muy prolífico, al punto que su última película, la genial Before the Devil Knows You´re Dead, la dirigió a los 83 años. 
Listo el café, volví a esta obra maestra, no para concentrarme en los lineamientos generales de su argumento, uno que manifestaba la natural degradación del mundo de la televisión. Me interesaba recordar ese personaje tan peculiar y a la vez inolvidable como la productora de televisión Diane Christensen, interpretado por Faye Dunaway en un sublime estado de gracia. Mujer diabólica, por donde la mires, y por esa razón suculenta y peligrosa, que no cree en nada con tal de satisfacer su ansia de poder. De todos los personajes de Network, el de Diane es el que está más dispuesto a perennizar un poder y en el cumplimiento de ese deseo no tardará en degradarse. En ella se refleja la metáfora del poder que pudre, en su caso se dinamita el poco acervo moral que le puede quedar luego de su retahíla de deslealtades hacia las personas que confían en ella y que la quieren. Como en todas las películas del director, sus personajes tienen una oportunidad de redención, algunos se acogen a esa oportunidad y otros simplemente la dejan pasar, y Diane tenía esa oportunidad y la manera en que elige, es lo que la convierte en un personaje que difícilmente se borre de la mente de uno. 

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

Vínculos a esta publicación:

Crear un vínculo

<< Página Principal