miércoles, noviembre 23, 2016

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Me despierto y levanto temprano. El anís de anoche me tumbó y no pude responder un mensaje importante. Entonces respondo ese mensaje. Si las cosas siguen así, descubriré que la solución a mi insomnio siempre la tuve a la mano, el anís, como sedante natural, sin importar lo mucho que haya descansado en la tarde.
Como sea. Me frío un churrasco, me preparo café y recibo al panadero que me deja los diez panes de rigor. A los cinco minutos llega el señor que me trae los periódicos. Compro tres, ninguno relacionado a los deportes, sino a las noticias serias. Con el café humeante tomo asiento en el sillón de la sala y comienzo a revisar los diarios de atrás hacia adelante. A medida que me acercaba a las primeras páginas, una realidad se me presentaba, ya no una especulación sobre lo que podía ocurrir, sino un hecho criollo, que como tal exhibía sus colores “legales” pero que en verdad seguía siendo una muestra de criollada tan cara de nuestra idiosincrasia. Así es: la fuga de Nadine.
Bien dicen lo que saben, en política no existen las casualidades y este nombramiento de Nadine en la FAO no es más que una estrategia de la ex primera dama para librarse de las investigaciones por lavado de activos. Leo lo que tengo que leer y averiguo en la red un poco del mandamás de este organismo de la ONU. No hay nada más que decir. La corrupción zurda protegiéndose de las investigaciones. Lo de Brasil parece que generará un tsunami del que más de un corrupto político local está rogando para que no lo arrastre. 
Nadine ya fugó. Veré lo que dicen sus defensores. Que no se hagan los locos nomás.

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