domingo, febrero 12, 2017

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Regreso de Librería Sur. En el camino, se me antoja un jugo de granadilla con mandarina. Entonces, me dirijo a una juguería de San Borja, que conozco bien pero del que no sé su nombre. Al llegar me ubico en mi banca esquinada de siempre y mientras espero el jugo, me alisto para la relectura de algunas páginas de Coronada de moscas de Margo Glantz. Me resulta imposible no molestarme, puesto que en los últimos años Glantz ha estado de visita en Lima, y en ninguna de esas ocasiones he podido verla, y si he sabido de su presencia, lo supe por gracia del azar, sea porque un lector me lo comentaba, o porque se me ocurría ver algunos cronogramas culturales.
Me viene a la memoria su participación en una pasada edición de la FIL. Como es habitual por estos lares, la organización no tuvo la más mínima idea de la magnitud de la escritora invitada. En esa FIL no la pude ver, y solo eso buscaba, verla y darle las gracias mentalmente.
Terminado mi jugo, pago el importe respectivo y subo a un taxi con dirección a casa. Estaba a tiempo para ver el clásico, que Alianza Lima ganó con dos golazos. 
No lo pienso mucho: cuando Alianza gana, el Perú es. Así de simple.

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