martes, marzo 29, 2016

445

Suena el despertador.
Tomo una ducha.
Sacaré a dar una vuelta al falso pekinés.
Pero antes respondo algunos correos electrónicos. También algunos mensajes de Inbox.
En Face pueden verse muchas cosas. Más de una vez lo he dicho, algunos de mis textos despiertan un debate, como también las más encendidas cóleras. Bueno, a ello estoy acostumbrado y más de una vez he sido tolerante, porque de eso va este asunto, dices lo que quieres y tienes que escuchar lo que no quieres.
Siempre y cuando, eso, no se aproveche de la coyuntura para dar rienda suelta a la falsa valentía que ofrece el Face, una falsa valentía que se pinta objetividad, con un tono moral de guachimán de buenas costumbres, más un forzado toquecito de calle, tal y como veo en un tal Aquino, pataza de “Chalina suicida”, el creador de cuentas falsas que no ha dudado en largarse ni bien quedó al descubierto. Pero bueno, miro con gracia a Aquino. Pobre tipo, por más que lo intenta, sus textos carecen de legitimidad, aburridos, que exhiben una ignorancia camuflada de taxonomías, y lo que es peor, detalle que en otra persona con algo de amor propio haría que se quede callada: hacedor de reseñas delivery. Eso es lo que hace el pataza de “Chalina”: reseñas delivery. Pero bueno, eso se le va a quitar, tarde o temprano, y me encargaré de ello. ¿Reseñas Delivery? Así es, hay que ser un sinvergüenza para hacer esas huevadas y criticarme como bueno.
El texto de la reseña es claro. No hay nada que explicar. Podemos estar o no de acuerdo con las ideas vertidas allí, pero el rebote que ha tenido la reseña, la catarsis que ha motivado, es una prueba tajante de su verdad, una verdad en silencio que ahora no lo es. 
Le saco la correa a Onur. El falso pekinés se pierde corriendo por el parque. No voy detrás de él, no hay perros ni perras a la vista. Prendo un cigarrito. Cuando lo termine, me acercaré a Onur para ponerle la correa. No han pasado ni treinta segundos y de los arbustos salen tres perritas que lo rodean y que no demoran en seducirlo. Onur se echa en el pasto y estira el cuerpo, entregado a los afectos de las perras.

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