domingo, junio 12, 2016

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Me despierto relativamente despejado. No he tenido excesos en la noche, pero siento una leve sensación de resaca. Nada para preocuparse, solo un poco más de sueño para que las cosas vuelvan a la normalidad.
De desayuno, un jugo de guanábana y una humeante porción de tamal de chancho. Pancito y café. Con esto es más que suficiente para sentarme frente a la pantalla de la PC, porque, todo indica, pasaré casi todo el día escribiendo. El día de hoy voy a cerrar varias reseñas y dar forma a un ensayo que llevaba escribiendo y que por alguna extraña razón se me trabó a razón de que no había leído algunos libros que me permitieran tener una idea más clara de lo que estaba escribiendo.
No lo voy a negar, he tenido un par de días muy buenos. En cuanto a lo literario, salieron bien las actividades con Guillermo y Miluska, ambas actividades en El Virrey de Lima. Con Guillermo en la conversa del viernes, en la que las ideas y el amor por la vida fluyeron, haciendo del encuentro uno inolvidable; al respecto, los asistentes pueden sentirse más que privilegiados por todo lo que ocurrió en ese encuentro. Bueno, no hay secreto que hallar: los chilcanos y cervezas de rigor en El Cordano, a manera de previa, resultaron claves para desterrar toda manifestación de racionalidad.
Si el viernes fue conversa, el sábado la presentación del libro de cuentos de Miluska. Bueno, yo no estaba como presentador, pero a la vez lo soy, porque me encargo de abrir y cerrar las presentaciones de la librería, lo mismo que en Sur, y como me conozco, me es imposible no decir algunas cosas del libro, que, el de Miluska, no es solo sumamente bueno, sino también necesario para entender por dónde va la narrativa peruana, no solo la escrita por mujeres, sino en general, tal y como tiene que verse la literatura, huyendo de los surcos genéricos. Ahora, confieso que sí me sorprendió ver a tanta gente un sábado en la librería, bueno, la sorpresa inicial porque nunca había estado en una presentación en un día sábado. 
En ambas actividades, no solo la buena conversa y las mejores impresiones, también ríos de alcohol que reactivaron excesos que uno quiere evitar, pero que al final se quedan en la puerta, contenidas y que debes amainar caminando. Eso es lo que hago, mi accción predilecta cuando estoy por el centro, caminar, perderme entre la gente y calles, y anoche con mayor razón, caminar para quemar la vesania que quería guiarme hacia los confines más perdidos de la noche. En otra ocasión no hubiera tenido problemas en que la vesania se apodere de uno, pero mis responsabilidades son mayores que las consecuencias dionisiacas, a razón de las cosas que debía hacer hoy. Entonces, hice lo correcto, apagué el cel. La sorpresa por esa acción la vi en la mañana de hoy, mientras me levantaba: más de 60 mensajes de Inbox, y 48 wsp. Bueno, en verdad no tengo muchos amigos y los sábados aparecen hasta por gusto.

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