domingo, septiembre 25, 2016

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Ni bien me levanto sintonizo un maravilloso partido del fútbol local. Y aprovecho en revisar las películas de la cartelera local, de lo poco o casi nada que llama mi atención, subrayo Miedo profundo. Bueno, siempre me han interesado las películas de supervivencia. A la par de ello, me alisto para la hora y media que me espera de una extraordinaria serie galesa, Hinterland, un policial que me revela crímenes atroces, entre otras cosas de la bajeza humana, que acaecen en sociedades en las que aparentemente no debería pasar absolutamente nada. De ella me gusta también el ambiente gris de los paisajes, esa imposición de la oscuridad que define el carácter personajes como el del policía de investigaciones Tom Mathias, frío y calculador. Tampoco es una serie cuyas temporadas (2 hasta el momento) te las puedes acabar en una maratón; al menos, en estos días, no me puedo dar esos gustos, puesto que cada episodio hace alarde de hora y media de duración. Como tengo varias películas y series por ver, he reservado Hinterland para los fines de semana y el método me viene funcionando muy bien.
Luego de las iniciales reflexiones domingueras, me dispongo a comenzar el día, primero, sirviéndome una taza de café, la droga ineludible que me espabilará, y luego, cerciorarme si aún tengo crema de afeitar, porque esta estaba por acabarse en los últimos días. El duchazo y, ahora sí, la vida presentada en otra dimensión, más acorde con las actividades que me esperan en las próximas horas. Escribiré tres horas seguidas, pasando a Word los apuntes de una historia que he estado picando en estas semanas, datos que me brindarán lo que supongo será cualquier cosa menos un texto de ficción. No me preocupo por la cualidad genérica de los textos, al menos ese no es mi problema. Creo que ya lo dije alguna vez, lo que me interesa de la escritura es el trance que puedes conseguir con ella, solo eso, conmigo no van esas huevadas de querer ser escritor y los réditos que puedan conseguirse de esa suerte de estatus que obnubila a algunos en esta provincia literaria. 
Mientras tanto, como quien supera la flojera que acompaña al entusiasmo, busco un documental del 2015 que me han recomendado, The Wolfpack. Veremos qué tal.

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