martes, diciembre 20, 2016

"leñador"

Como lector a la búsqueda de lo nuevo, y cuando hablo de nuevo no necesariamente me refiero a la novedad editorial, uno no puede dejar de expresar su satisfacción cuando encuentra un libro que podríamos catalogar de novedoso, pero no en el sentido de referirnos a la naturaleza de su significado, sino a la tradición de la que se alimenta y de lo que es capaz de hacer contra ella. Porque eso es lo que tenemos que hacer con la tradición, enfrentarla con conocimiento de causa. Solo así sabremos de dónde proviene lo nuevo, qué características exhibe y qué epifanías guarda.
La narrativa latinoamericana actual viene atravesando un momento signado por la variedad, hija engreída de la búsqueda. Estamos pues en momentos de recambios y relevos, y al respecto, sabemos que más de uno quiere ser parte de ese momento estelar, de la consagración por la que se lucha, y si eres joven, mucho mejor. Es lícito que se quiera buscar un espacio en el relevo, el reconocimiento es el destino natural de los buenos escritores. Por ello, ante tantas luces y saraos literarios testimoniados en las redes sociales, la crítica debe mantenerse atenta y ver más allá de la neblina discotequera. Dicho esto, ¿qué sensación guardar cuando encuentras y devoras una novela como Leñador (Fiordo, 2016) de Mike Wilson?
Hay que cuidarnos de ligerezas informativas. La biografía del autor podría confundir. Wilson nació en Estados Unidos, se crio en Argentina, Chile y Paraguay. Volvió a Estados Unidos, en donde estudió Literatura, doctorándose en Cornell. Y regresó a Chile, en donde vive en la actualidad. Es decir, no hablamos de un autor latinoamericano cuya primera lengua haya sido el español, pero Wilson es tan latinoamericano como cualquier otro, porque su lengua literaria es el español, y en esa lengua literaria (viaje lisérgico entre la prosa argentina y el aliento poético chileno, a primera impresión) ha construido una novela que con toda justicia podemos calificar como la novela latinoamericana más ambiciosa y cargada de epifanías en lo que va del presente siglo.
En Leñador se cuenta todo, pero se cuenta de una manera distinta; novela ajena y divorciada de la linealidad narrativa, huidiza de la aparente sencillez del fragmento, la onda micro no va con la poética que la conduce. Y podría sonar a lugar común, pero estamos ante una novela de lenguaje, pero entendamos lenguaje en su sentido más amplio, en su tradición de las grandes novelas de lenguaje, amparada en cualidades difíciles de confluir: sensibilidad y sabiduría.
Su protagonista, un exsoldado y boxeador argentino, abandona su vida de ciudad para adentrarse en el bosque del Yukón, en Canadá. Lo que le espera es una nueva vida y hacia esa vida se entrega, relatando esa vida asimilándola en la revelación de sus costumbres, partiendo de los detalles, como la forma de las hachas y sus componentes, la diferencia existente entre los árboles, del mismo modo sobre la comida, la vestimenta, el uso de la barba, la preparación de la cerveza, sobre los animales que pueblan el bosque y hasta los adminículos de uso diario… Wilson nos presenta una enciclopedia vital, que descansa en el discurso descriptivo, mas su enfoque no yace en el objeto, sino en la expresividad del lenguaje; sumemos también la radiografía emocional de su protagonista, un hombre quebrado y que lucha por no exponer su dolor emocional, como también su hartazgo existencial, encontrando en el día a día con los leñadores una suerte de salvación de lo que viene huyendo, quizá de un pasado, o sencillamente de sí mismo.
La existencia de Leñador es motivo de celebración, pero una celebración en varias partidas. Por un lado, que haya editoriales independientes que apuesten por una novela como esta, hecho que refleja valentía y convicción, en especial en tiempos identificados por la dictadura de la cuentas. También porque su complejidad será del placer de los lectores entrenados, porque hay que estar entrenado en la lectura, no solo para enfrentarla en sus casi 500 páginas, sino para disfrutar de sus muchas capas literarias y filosóficas. Y por último, lo más importante: Leñador visibiliza a un escritor de quien tenemos que leer lo que ha escrito y a quien seguiremos leyendo con expectativa en lo que vaya a publicar.





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