lunes, diciembre 19, 2016

reseñismo cachina

Me encontraba en La espiga, bebía una chicha helada y me cuidaba del sol, cuando se me ocurre revisar en el cel algunas notas en Internet. Entre lo que leía, destaca la reseña de José Guich sobre Aspavientos, el último libro del poeta, músico, editor, ensayista y narrador Alejandro Susti.
Termino la chicha y pido otra. Y también vuelvo a leer la reseña de Guich. Había que salir de dudas.
Entonces, algunas aclaraciones se hacen necesarias: conozco la obra de Susti y lo saludo como ensayista y editor (un capo). Puesto que su libro en cuestión acaba de salir, no puedo decir nada del mismo.
Pero a Guich sí lo “conozco”, cuyo deporte es hablar mal de este servidor cada vez que puede y, al respecto, espero que algún día podamos discutir en persona ese asunto, con mayor razón cuando más de una amistad en común lo califica de buen tipo.
Dicho esto, debo señalar que hablamos de un literato preparado. 
Pues bien, en los años que vengo leyendo sus reseñas, he percibido tres características recurrentes, en este orden: prosa aburrida, demagogia discursiva y amiguismo. En algunas de sus reseñas es posible notar su enorme esfuerzo por hacer confluir estas tres características, pero en la mayoría vienen repartidas en dosis al gusto, aunque la prosa aburrida es la que termina imponiéndose.
Resulta penoso señalarlo: Guich es un representante del argollerismo crítico. No importa cuán bueno pueda ser el libro del escritor de turno, lo que importa es que el autor “le caiga bien” o sea su amigo. Esta reseña de hoy lunes viene rubricada por el aliento de la maravillosa amistad, porque Susti, y esto es conocido en el medio, es muy amigo suyo.
Así es: estamos ante una reseña amiguera, de entre las no pocas que exhibe en su haber. 
Claro. ¿Qué pasa si tu pata es un buen escritor, acaso no debo reseñarlo?, me preguntará algún lector. Ante la posibilidad de esta inquietud, indiquemos que el problema no es la reseña, sino en cómo la presentas al lector interesado, que merece respeto y toda la información posible sobre el libro que se le pretende recomendar. A saber, el lector tiene derecho a conocer la relación existente entre el reseñista y el autor reseñado. De lo contrario, nos enfrentamos a la falsa objetividad digna del reseñismo cachina, a una potencial mentira, detalles de los que Guich ha denunciado, haciendo uso del discurso demagógico, siendo un insigne practicante de lo que denuncia.

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