miércoles, junio 13, 2018

deuda pelotera



La industria editorial no ha sido ajena a la fiebre mundialista. Nuestros editores no han tenido que pensar mucho para darse cuenta de la obviedad de la ganancia económica inmediata, hasta el editor más lerdo se puso las pilas: no se le podía escapar la tortuga. De lo que he leído, recomiendo los siguientes títulos: Con todo, contra todos de Yrigoyen (en cuyo proyecto colaboré con documentación), El camino a Rusia de Jara, Mundiales y destinos de Cuba Luque y Benditos de Gomez y La Hoz. Son libros escritos al galope, contra la fecha límite de los primeros partidos amistosos de la selección. Pero no entendamos el apuro como posible deficiencia, todo lo contrario: exudan rigor informativo y elaborado punto de vista.
Es cierto que Jara, Gómez y La Hoz son periodistas de profesión, pero el gran público no los asocia como escribas peloteros, quizá los que pasamos la base tres pensemos en el primero cuando fue director de Once. Este detalle confirma la terrorífica sospecha: la pobreza cultural e intelectual que define al periodismo deportivo peruano, cuyos representantes están en deuda, porque eran los llamados a escribir los libros que ahora estamos leyendo.
En las últimas décadas no hallamos plumas futboleras dignas de recuerdo. Uno escarba en la memoria y el pavor se impone ante las burlas y vituperios que nuestros futbólogos solían lanzar contra El Veco, hombre leído, culto, memorioso e inteligente. En Peredo total, que leo en estas horas, encontramos algunos rasgos del uruguayo, a saber, la construcción de una personalidad. Peredo no fue una luminaria de la prosa, pero escribió con solvencia sobre fútbol peruano cuando este era un llanto nacional, he ahí la distancia con sus colegas, pues hizo que el chancay parezca tres leches: Popović, Chemo, Company, Charún, Kukín, Martínez, Waldir, etc.



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