viernes, junio 22, 2018

mi plata, tu plata, nuestra plata


Ya conocida la lista de 32 autores que conforman la delegación peruana que irá en octubre a la Feria Internacional del Libro de Santiago, no pocas inquietudes y satisfacciones se presentan. En cuanto a lo segundo, saludamos la inclusión de Teresa Ruiz Rosas, de quien esperamos la reedición de su novela breve El copista. Como en su momento indicamos en esta columna, RR es nuestra narradora mayor, certeza avalada por la calidad y no por el servilismo. También nos gratifica ver a Higa, Arámbulo, Jara, Vásquez y Vega, voces que merecían una mayor visibilidad.
Vista de lejos, se trata de una selección que cumple con ser plural y que no solo se limita al espectro literario, sino también humanístico. Sabemos que las listas jamás contentan a nadie y esta no ha sido la excepción. Sin embargo, levita una sensación de turbiedad informal en cuanto a los cinco criterios empleados para el filtro (diversidad regional y cultural, diversidad temática, diversidad de géneros literarios, equidad de género y trayectoria y equidad generacional), que refleja un traspié ético: a los encargados de escoger no les dio la gana de investigar a profundidad en pos de la legitimidad de la comitiva. ¿En realidad está yendo lo “mejor”? ¿Acaso se está privilegiando la calidad literaria y referencia cultural? ¿Plumas caseritas, no?
A diferencia de los convocados del Hay Festival y la CPL, el Ministerio de Cultura está en la obligación de ser transparente en todos los aspectos, por la sencilla razón de que no es una entidad privada que tiene el derecho de disponer de su plata como crea conveniente. Por ello, la publicación de los nombres de quienes hicieron esta chocolateada es un deber a no esquivarse en el trámite ni en el verso barato, como sí ocurre en otros ministerios. 



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