domingo, octubre 28, 2018

¿la culpable?


Mañana de domingo, en la que me pongo al corriente de algunas cosas luego de varios días en los que tuve que realizar inevitables gestiones a razón de un familiar que falleció. Reviso mi bandeja de correo, del mismo modo las redes, y hallo un artículo de Javier Marías y una entrevista al noruego Karl Ove Knausgard, que suscitan algarabía en el personal.
Lo de Marías, aquí; la entrevista a KON, acá.
Ambas posturas me parecen válidas, pero sí percibo en la del primero una suerte de prejuicio del que se cuelgan, vaya novedad, muchos autores carentes de lo que más quieren: fama inmediata. Eso es, fama y no el legítimo reconocimiento. 
Sobre estas reacciones infantiles, barajo algunas hipótesis, como creer que son merecedores de más de lo que ya han obtenido y que la culpa de su fracaso es de la autoficción. Este asunto de la familla es cosa seria, no respeta trayectoria ni sexo. El ansia por parecer es como una droga que transporta al ahuevamiento de la realidad paralela, aquel paraíso sicotrópico en donde lo imposible es real gracias a los esfuerzos de la voluntad onírica. Es, pues, un choque catastrófico: creer que la vida es igual a la que se percibe en las parcelas líquidas. El like jamás será comparable al saludo al paso de un lector que compró y leyó tu libro, el corazón se halla a años luz de tu celebrado título que ahora ostenta un cartelito de 40 % de descuento luego de que has informado (mentido) que estás por acabar el tiraje, o peor: alucinarte el indignado (buscando culpables en la mafia editorial y no en el bostezo del lector) y cerrar el hocico al ver que tu libro publicado en 2018 ha sido puesto a mitad de precio en la feria Ricardo Palma. Esos cracks del desastre son los que se cuelgan de la crítica a la autoficción, como si la “riqueza” de su tradición estuviera en sus últimos representantes. Lean (más).

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