sábado, noviembre 03, 2018

9.90


Casi todos gustan de los feriados largos, a otros, como quien escribe, no. Igual, le pongo onda y me dedicó a aprovechar el tiempo. A saber, respondo algunas inquietudes que me hacen llegar algunos lectores del blog. Casi todas tienen que ver con libros a recomendar, entonces hago un fugaz ejercicio de memoria y comparto (muy) buenas lecturas. Sin embargo, nunca falta aquel espécimen que busca mi oscuro lado discursivo, que tantas “gratificaciones” me ha traído. Este espécimen me pregunta lo siguiente: ¿qué piensas de los libros publicados el año pasado y este, que están a mitad de precio y en remate?
No hay mucho que desgranar al respecto. No veo ese asunto como algo traumático para los autores (siempre y cuando dejemos de lado la sobredimensión del ego), por el contrario, es una estrategia que permite tejer una seducción con los lectores. No me refiero a la calidad, puesto que entre los libros que ahora podemos ver bajo rótulos de 9.90 soles hay los que exhiben calidad literaria. Claro, el autor, en su fuero interno, alucina que es víctima de una injusticia comercial, pero también debería tener en cuenta el mandato de la realidad: si un libro gusta a los celadores, eso no significa que entusiasme a los lectores. Las editoriales (grandes) deben buscar los medios para recuperar su inversión, fin que me parece lícito porque no son beneficencias. El problema yace en que muchos creen que por llegar a una editorial grande ya han cumplido el anhelo: el posicionamiento. Impresión por demás errada, puesto que el posicionamiento (fama inmediata) es algo gaseoso. 
En estos últimos años hemos podido ver que los lectores no se dejan engañar por la algarabía de las redes (en verdad, hay que ser un tremendo imbécil para asumir como cierto que lo que se dice y proyecta en ellas guarda relación con la vida real). Por eso, queridos amigos, no sirve de nada traumarse, menos echarle la culpa a los departamentos de prensa de las editoriales que apostaron por ustedes. Hay que tener actitud, recobrarse de la bajoneada y sacarle la vuelta a esta cachetada. Si tu libro está a mitad de precio, si está maculado por un cartelito de 40 por ciento de descuento y si es deshonrado con el remate a 9.90, no patalees. Lo peor que le podría suceder a ese título en el que has invertido meses de tu vida es que vaya a parar a la trituradora, aunque su fin podría ser más útil: vender sus páginas al peso para apoyar al Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú.

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