lunes, junio 25, 2018

belgas


Aunque resulte precipitado vaticinar qué selección ganará el Mundial, como que algunas cosas van quedando claras en cuanto a ciertas selecciones. En este sentido, gratifica la fuerza Inglaterra, del mismo modo la de Bélgica, aunque huelga decir que ambos combinados están en uno de los grupos más asequibles, razones a la vista: con Panamá y Túnez, a los que se han impuesto a ritmo de entrenamiento.
Habría que prestar atención a lo que puedan hacer los dirigidos por Gareth Southgate y Roberto Martínez. Pero me refiero a una fijación diligente, en especial si hablamos de los belgas, recurrentes participantes de mundiales de fútbol, sin obviar uno que otro hiato.
La primera vez que vi a esta selección fue en el Mundial de México 86, en donde frenaron a la URSS, que no solo venía mostrando firmeza dinámica en cada partido, sino también generosidad goleadora (ahí están los húngaros, que recibieron media docena). Para el partido de octavos de final, los soviéticos perdieron por cuatro goles a tres pese a haber estado encima del marcador en un par de ocasiones. El juego belga, pautado y estratégico, puso en entredicho la marcación y exhibición correlona de la entonces CCCP. Eliminó a uno de los equipos más duros del certamen y se erigieron como la sorpresa esperada, porque si algo había demostrado esta selección era una alarante incoherencia entre la identidad de juego y su resultado respectivo, que se pudo ver en el mundial y las eurocopas precedentes en los que participó. En aquella ocasión, el técnico Guy Thys tenía en su mejor momento a jugadores medulares como el guardameta Jean-Marie Pfaff y el mediocampista Enzo Scifo. El segundo no solo fue la manija, sino que pudo proyectar en sus compañeros la calma necesaria luego del primer golazo de Igor Belanov. 
Bélgica cumplió un papel digno en México, consiguiendo el cuarto puesto. A partir de entonces, el fútbol belga reforzó la buena impresión dejada en el mundial de España y gozó de una seguidilla de irregulares participaciones hasta Japón-Corea 2002. Si un lazo comparte aquel combinado de 1986 con el actual que compite en Rusia, es que posee nombres que vienen atravesando su mejor momento, pensemos en Eden Hazard, Thibaut Courtois, Kevin de Bruyne, Mousa Dembélé y Romelu Lukaku. Hasta podríamos afirmar que es superior al grupo humano que tuvo a su cargo Thys. Además, Martínez ha podido calibrarlo en un par de encuentros signados por el trámite y en las siguientes semanas veremos si es verdad tanta maravilla, a ver si así deja de ser considerada como la sucedánea de Holanda.

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