miércoles, mayo 01, 2019

intenso mes


Abril ha sido un mes intenso, sucedió de todo. Cuando ya nada hacía presagiar una hecatombe, ocurre lo impensado, aunque como tal no sorprenda: Miguel Atala declaró que el dinero que recibió de Odebrecht era para el expresidente Alan García.
Una situación como esta pone contra la pared a los iluminados que no dudaron ensalzar la figura de uno de los “insignes” ladrones que ha tenido la historia peruana. Faltó poco para que lo posicionen como un gran estadista. Lo de Atala destruye la romantización que pretendía hacerse de un tipo que con desparpajo vociferó, hasta el final, inocencia y persecución política.
Así gusten o no los métodos usados por el Equipo Especial Lava Jato, estos vienen dando resultando y, en especial, muchas luces sobre la podredumbre política en el poder en los últimos treinta años. No hay que pensarlo mucho: estamos siendo testigos de destapes históricos de los que vamos a tener que aprender. El mensaje no puede ser más claro: tarde o temprano, la pendejada y variantes se pagan. 
Tengo no pocos amigos y conocidos apristas. No me burlaré de ellos, guste o no, el APRA es uno de los mayores partidos políticos del país. No sería exagerado pensar en su desintegración, con mayor razón tratándose de una agrupación que nunca ha dejado de depender de una figura tutelar. Sin embargo, es también una oportunidad de cambio, aunque parezca ingenuo barajar esa posibilidad, pero nada está dicho. Lo que sí es cierto es que Perú se libró de un peso dañino y nocivo. García usó la política para mentir y robar. Decir lo contrario resulta indefendible.


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