martes, enero 28, 2020

«mi romance»


En el imaginario de los lectores, el nombre de Gordon Lish queda más asociado a la dimensión editorial que a los espectros creativos y ensayísticos. No sorprende, sabemos de él gracias a su labor en libros de Raymond Carver, Don DeLillo y otros autores referentes de la narrativa contemporánea.
Se entiende, entonces, que sepamos poco del Lish creador de ficciones. En nuestro circuito, aún es posible encontrar la novela Perú (1986), editada en español por Periférica en 2009. Esa novela acerca al interesado a una fascinación: la de Lish por el discurso circular, divorciado de la linealidad, pero también lo dirige hacia un evidente afán de exposición (partiendo del principio (seamos ingenuos) de que lo contado por el Lish personaje se nutra del Lish persona), que se potencia hasta el estado de gracia en Mi romance de 1991 (también en Periférica, 2014), que empecé y terminé los primeros días del año.
El autor transita por los cauces narrativos vistos en Perú, solo que en esta ocasión la no-linealidad viene tocada por el discurso coloquial, que en esta ocasión conduce al Lish narrador a una tarima de auditorio desde donde ofrecerá un discurso sobre su trayectoria editorial en un congreso de escritores en Long Island.
Eso: un discurso de él mismo. No sobre lo que representa la vida literaria/editorial para el homenajeado Lish, aunque algo de esta es posible encontrar de manera lateral, porque lo que Lish cuenta es su vida sin los adornos de la bacanería, lejos de las ventosidades de la consagración del escritor. Lish hace un rápido paneo de su vida y en ese propósito cumple licencias, por ejemplo, volver sobre lo contado para reforzar alguna información dada a medias, empleando un tono irónico que tiene al narrador mismo como blanco de críticas y burlas. 
Imposible no pensar en la llamada narrativa del yo, que como tal no tiene la culpa de exhibir ejecutantes cobardes o estratégicos que prometen la historia pero de la que solo ofrecen una mirada pálida de esta. Una novela como Mi Romance podría ayudar al ejecutante timorato de no ficción. Hay que soltarse para escribir y, sobre todo, ser valiente. Aquí está la novela de Lish, irónica y sabia.

miércoles, enero 22, 2020

una librería


En los meses de verano me dedico exclusivamente a la relectura. Esto es algo relativamente conocido por el seguidor del blog. Rara vez me sumerjo en las novedades, sin embargo no pude ser ajeno a una maravilla llamada Nuestras riquezas. Una librería en Argel (Libros del Asteroide) de la escritora argelina Kaouther Adimi.
Como lo sugiere el título, esta novela va de una librería, llamada Las verdaderas riquezas, fundada en 1929 por Edmond Charlot, histórico librero y editor que tuvo la oportunidad de publicar los primeros libros de Albert Camus, y cuya librería no tardó en convertirse en un punto de encuentro para autores como André Gide y Antoine de Saint-Exupéry. No era para menos, Charlot supo forjar una leyenda de librero y gran lector que incentivaba la creación literaria en los jóvenes. En este sentido, Adimi nos ofrece un retrato atractivo de Charlot, pero también un testimonio de época y una radiografía generosa de lo que tendría que mostrar siempre todo librero (y editor): pasión por la vocación.
A la par de esta historia, Adimi presenta el recorrido del joven francés Ryad, que en 2017 debe encargarse del local en donde se ubicó Las verdaderas riquezas, pero su interés en el mundo del libro es prácticamente nulo y ve la tarea encomendada como un asunto meramente pecuniario. Tiene que reparar el local de la librería porque el actual propietario la quiere convertir en una buñolería.
Adimi se vale la funcionalidad del lenguaje sin afeites para brindarnos acercamientos verosímiles a estas sensibilidades. Por un lado, el idealismo de Charlot y por el otro la practicidad de Ryad. En este contrapunto, Adimi encuentra una potencia de estilo que le permite al lector acercarse a un testimonio de época, a una suerte de exploración a la cotidianidad de Charlot previo al estallido de la segunda guerra mundial; del mismo modo en la configuración de la materialidad que signa a Ryad. Este último, a medida que va avanzando en las reparaciones del espacio de la librería, va enterándose de su historia y leyenda, lo que deviene en un asombro de primerizo que es aprovechado por Adimi para mostrarnos el conflicto intelectivo de Ryad. 
Por lo expuesto, el lector se halla ante una novela idealista con ribetes escépticos, la cual nos muestra una mirada con cable a tierra de esa locura que es sacar adelante una librería pese a las adversidades y del valor silencioso de la misma capaz de abrirse espacio en el tiempo y en las sensibilidades más reacias a reconocer su valor.

domingo, enero 19, 2020

«las noches hundidas »


En estos primeros días del año me pongo a ordenar algunas zonas intangibles de mi biblioteca, hecho que en principio parece fácil, pero que va mostrando su real cariz a medida que uno dispone de los libros que va encontrando. No sé cuántos libros tengo, pero cada vez que me sumerjo en estos quehaceres veraniegos, encuentro una que otra sorpresa, como la novela corta Las noches hundidas (editorialuz sesenta,1968) de José Antonio Bravo. No recordaba si la había leído y no me hice problemas, me puse a leerla y no pude ser ajeno a la extraña satisfacción que me dejó la novela.
Para los que aún no lo saben: Bravo fue un destacado autor peruano, dueño de una novela muy saludada en su tiempo, Barrio de broncas (1971), responsable también de una pequeña biografía de Martín Adán, varias antologías de narrativa peruana, obras teatrales y poemas publicados en revistas literarias.
Sin embargo, a Bravo se le conoce más por ser uno de los mejores profesores de talleres de narrativa que haya tenido este país. Al respecto, pienso en la dedicatoria de Guillermo Niño de Guzmán en su antología de narradores En el camino (1985), lo que nos permite tener una idea de lo importante que Bravo resultó para la formación de narradores en ciernes y el fortalecimiento de aquellos que ya tenían años en el oficio.
En su brevedad, Las noches hundidas proyecta un fervoroso deseo: el de su narrador protagonista, que anhela dedicarse a la creación literaria. Bajo esta intención, el autor presenta un grupo de personajes que comparten los mismos deseos que el narrador. Entonces, se entiende que hay no pocas referencias a la literatura, del mismo modo a la intensidad vital que esta motiva. Sin embargo, no estamos ante una historia lineal, por el contrario, es evidente su premeditado desorden que se sostiene en pasajes muy interesantes en la morfología del fraseo, característica que no la libra de algunos baches en cuanto a la repetición de sucesos. Bravo abre la narración hacia supuestos y ensoñaciones, lo que me lleva a pensar en la influencia de la pintura y la poesía, en especial esta última, porque se puede apreciar una permanente luz poética, en especial durante las intervenciones de un personaje que recordaré, Ambrac. 
Bravo tenía 31 años cuando publicó esta novela, es decir, no era un autor tan joven. Pienso en este detalle a razón del homenaje mayor presente en la novela. A las posibles influencias señaladas arriba, Bravo no duda en homenajear al cuento. Hay pues una mirada madura sobre un género que exige cuidada ejecución, y además, esta loa al cuento puede servir para entender la consigna de Bravo en sus ya históricos talleres: leer y narrar con símbolos.

jueves, enero 09, 2020

listas (poesía peruana última)


Hace algunos días algunos amigos me enviaron un par de listas que daban cuenta de los poemarios/poemas peruanos más destacados de la década. Hay que reconocer  la ambición, del mismo modo el arrojo, más cuando nos presentan el lisérgico número de 50 (y pico).
Para algunos, este asunto puede parecer una pérdida de tiempo o una tremenda cojudez, en cambio para otros, como este servidor, sí se trata de una chambaza más allá de si haya trampa o no, o sobre cuáles sean las verdaderas intenciones en esta clase de selecciones en las que encontramos carne y hueso, o llámese también tráfico de intereses. En las parcelas de la especulación todas las sospechas resultan razonables y más cuando se habla de poesía peruana última.
Imagino pues el ejercicio de memoria del colectivo Sub 25 (1 y 2) y el poeta Julio Barco (1). La relevancia de sus listas la dirá, apelando al lugar común, el tiempo. Ahora, me gratifica haber encontrado más de una voz atractiva (yo hice mi tarea, salí a la búsqueda de muchos poemarios/poemas (no pude encontrar todos) para dejar atrás algunos vacíos, además, lo bueno es que aparecieron en días de encierro forzado por las fiestas de fin de año, es decir, hubo tiempo extra para leer lo no planificado). 
Más que Likes, la poesía peruana reciente urge de lectores y no voy a negar que estas antologías al vuelo pueden ayudar a un debate o un seguimiento, o sea, brindar la sugerencia de una cartografía para el eventual lector. Bien sabemos que el circuito poético (al igual que en todos lados) es muy pequeño. Podemos ver las reyertas y olímpicas payasadas de la mayoría de sus integrantes, a los que habría que agradecer por alegrarnos durante la digestión, pero subrayo: lo más importante es recoger la recomendación y de esta manera saber quién es quién en poesía peruana última mediante la experiencia del texto. En cuanto a mí, lo agradezco.

sábado, enero 04, 2020

«palabras de otro lado»


Una de las novelas que debería figurar más en nuestros apurados recuentos literarios es Palabras de otro lado (Galaxia Gutenberg) de Alonso Cueto. La novela, para más señas, resultó también ganadora del II Premio de Narrativa Alcobendas Juan Goytisolo.
Cueto vuelve sobre sus marcas creativas, como la exposición de hombres y mujeres cuestionados por una revelación de último momento. Esto es lo que sucede con Aurora Carhuana, cuya madre antes de morir le confiesa que no es hija del padre que ella siempre creyó. Partiendo de este suceso, el autor comienza a armar una trama atractiva, lo que para sus (no pocos) lectores no es novedad, incluso es posible intuir cómo sería su desarrollo, sin embargo, lo que ofrece la novela no es una trama cerrada, sino un despliegue humano en la interacción de los personajes. En este sentido, la lectura depara no pocos sucesos en la búsqueda de Aurora de su padre, los cuales están enhebrados por los encuentros y la empatía entre estos, lo que lleva a Cueto a descollar en la introspección de los mismos y, en especial, en la sensibilidad de Aurora. Este ingreso a las zonas de lo dicho y lo no dicho, a los circuitos de la especulación, es lo mejor de Palabras de otro lado, novela en la que cada acción viene sustentada por una carga reflexiva que sabe detenerse a tiempo y en la que sus personajes quedan expuestos en sus más escondidas vergüenzas, pero esta exhibición de atrocidades anímicas no depende de la dimensión descriptiva del discurso, sino de la capacidad de Cueto para llevar el orgullo dinamitado a la galaxia emocional e intelectiva del lector. Esta luz deformada está presente en muchas páginas y tiene el poder suficiente para rescatarnos aún de las falencias de la novela (diálogos).
Palabras de otro lado ya se ubica entre las mejores novelas del autor, junto a Grandes miradas, La hora azul, El susurro de la mujer ballena y La Perricholi
Otro aspecto que me atrajo del libro es su frescura, la actualidad temática convertida en protagonista alterna. Imposible no pensar en nuestros nuevos o no tan nuevos escritores, que han hecho del chancaquismo discursivo, de los horrores superfluos y del aburrimiento, las marcas del prestigio sin lectores (o sea, doblemente hasta las huevas), del triunfo de la otra literatura legitimada por el lobby y otras maravillas parecidas. Uno no piensa así porque sospecha mal y cree que todo está hasta las patas. No qué va. No hay motivo para pensar así.