lunes, abril 30, 2018


sábado, abril 28, 2018

silencio


Ya lo he dicho más de una vez, las redes sociales son como bares, que como tales, albergan a las mentes más maravillosas del lugar común, a los dueños del pensamiento inmediato. No es para menos, quien no manifieste su punto de vista sobre la sucesos que marcan tendencia, queda relegado de la platea, conformándose con escuchar a los demás mientras picas las canchitas que quedan en el pote. En este sentido, ningún tópico se salva, todos son “comentables”, mientras más sonados, mejor para el emisor de ocasión.
Ante la tragedia ocurrida con Eyvi Ágreda, solo queda el silencio y luchar por una condena justa para el miserable que la quemó en un bus de transporte público.
Pero silencio es lo que menos podemos esperar de mujeres y hombres en este país de fierro, catre y botella. Prácticamente todos comentan el caso, la queja resulta ser el pretexto para llevar de contrabando la agenda política, el discurso ideológico, o simplemente el mero hecho de aparecer.
Que la sociedad peruana trata mal a sus mujeres, vaya qué novedad. Que estamos en un patriarcado y que la justicia protege a los agresores e incentiva el feminicidio, ya es moneda corriente.
Cada día estoy convencido de que este maltrato sistemático se reducirá cuando se sepa honrar en las cosas pequeñas los grandes discursos. Eso es lo que veo, a puro huevonazo/huevonaza que pregona defender a la Mujer siempre y cuando haya aforo, pero que se desentienden cuando los agresores son aliados, amigos o amigos del enemigo. Esto en cuanto a quienes se autodenominan la reserva moral e intelectual del país. 
Ha sido en los sectores que carecen de una formación letrada en donde he podido ver una postura crítica y real con lo sucedido con Ágreda. La condena y también el silencio.

viernes, abril 27, 2018

el rey


Días atrás presenté con Jorge Valenzuela y María José Caro la antología King. Tributo al rey del terror, publicada por la editorial Casa Tomada. Mientras leía mi texto de presentación, me fue imposible no tener en cuenta el camino que debió recorrer la obra de King para ser considerada una poética atendible para la crítica. 
En lo personal, no tendría problema alguno con que se le conceda el Premio Nobel de Literatura. King ha hecho lo que casi nadie por la lectura: forjar millones de lectores mediante historias que estremezcan y conmuevan. No hablamos únicamente de terror. Su proyecto tiene muchas capas simbólicas y metafóricas que recién están siendo asumidas con seriedad. Además, sus lectores comparten un lazo común: la desigualdad generacional. 
Pienso en la recepción de sus libros en nuestro pueblito literario en los noventa: el norteamericano era visto como un autor basura, un estafador de la ficción, un ridículo metemiedo, un prescindible hacedor de divertimento. Recuerdo el asco de la academia sanmarquina, como también la del fundo Pando. Y ni hablar de los escritores y remedos de tales, a excepción del subvalorado José B. Adolph quien, dueño de una personalidad de hierro, declaraba su admiración por él ante la conmoción de los puristas que no podían aceptar como influencia a un autor que no fuera canónico. 
De los títulos de King que recomendaría a los noveles y atarantados en el tráfico de la famita barrial, sin duda estaría este: Mientras escribo, considerado como un breviario del proceso de la ficción. Además, el libro brinda las señas que te convertirán en el escritor que puedes ser y no en el autor que sueñas. Este librito, bien leído y estudiado, puede curar a cualquiera de la soberbia, indiscutible característica de autores de alma chiquita que ya no tienen nada que decir.

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martes, abril 24, 2018

autoficción


El término autoficción es uno de los más manoseados por los escritores, y no solo peruanos. Basta recorrer la web para aseverar esta impresión. Lo que sorprende, aunque no debiera ser así puesto que muchas de las maravillosas plumas latinoamericanas no leen, es la etiqueta de novedad que se le pretende endilgar a un modo de narrar que podemos rastrear en poco más de seiscientos años, pensemos en El lazarillo de Tormes.
A cuenta de lo leído, nos decepcionamos de lo que venimos leyendo en cuanto a esta categoría que, bien entendida, podría ofrecer no pocas posibilidades expresivas en el terruño narrativo. Notamos, para empezar, su ausencia de humor, su falta de soltura narrativa, ni hablar de los personajes. Por ejemplo, la narrativa peruana del nuevo siglo, que ha mejorado en escritura (si la comparamos con lo que se escribió en la década del noventa, de la que solo sobrevive un puñado de títulos), pero que ha caído en el conservadurismo. Ya lo dije en un artículo en Caretas y lo digo ahora tras la lectura de la novela episódica El bizco de la calle Roma de Luis Freire Sarria.
En otro momento comentaré este libro, pero lo que ahora quiero destacar de ella es su naturalidad expresiva y la disposición de su autor para la humillación festiva de su personaje. En estas páginas hallamos el registro en el que FS asienta su prestigio, pero también una frescura entre tanta propuesta señorial llamada autoficción. La novela tiene lo que muchas no, hasta podría decir que se escribió sin ánimo histérico, a años luz de la pontificación y del recuento vital soporífero. 
En algún momento se entendió mal esta vertiente, lo que dio paso a una corriente narrativa de la que hemos visto lo obvio, no lo que esta podría brindar si se escribe sin pensar en el otro. No pensé traerlo a colación, pero el fallecido Carlos García Miranda lo dijo alguna vez: “se usa la autoficción como mera terapia, no como riqueza literaria”.

incongruencia


Así como no hay escritor que acepte que su último libro pueda ser malo, mucho menos aceptará que este no se esté vendiendo.
Lo primero es cosa conocida, no es exclusividad de estos tiempos de redes sociales, en donde hasta las plumas más deficientes pueden tener una fiel portátil que les haga creer que no es verdad lo que el sentido común y el buen gusto desaprueban. Si hago un ejercicio de memoria, son pocas las veces en que un escritor me ha aceptado que determinado título suyo es flojo. Toparte con talentosos incomprendidos resulta una experiencia inevitable, si gustas llámalo destino. Ahora, viendo el asunto como forzado consuelo, todo circuito literario está poblado de estos especímenes, desde Barcelona a Sri Lanka, de Munich a la Linterna verde.
En lo que no sirven las portátiles, menos las argucias técnicas del discurso: la verdad del lector, aquel que se acerca a las librerías con el objetivo de llevarse un libro.  
Cruda realidad si la comparamos con las campañas promocionales que más de una pluma realiza desde las redes sociales. En mi experiencia, ahora enfocado en la realidad del circuito local, solo he visto cuatro casos en los que el saludo del Like, o el pase del rebote, ha calzado con el aprecio del lector. La incongruencia termina alterando el alma del creador ante una realidad que lo posiciona como un semillero que no duda en optar por la malcriadez, pero una especial, digna de estos tiempos del “parecer”: el discurso que denuncia a las fuerzas especiales de la extrañeza: mafias, argollas, amiguismo. Esta malcriadez no es exclusiva del autor fichado por un sello independiente, menos por un autogestionado, en este cambalache también hacen su aparición las plumas de los llamados sellos poderosos. En el ninguneo del lector yace también su solución: no subestimarlo.

lunes, abril 23, 2018


rescates


Tras un domingo dedicado al buen dormir, me puse a leer algunos artículos de los diarios locales, de los que me gustaría recomendar este de Carlos León Moya sobre Junot Díaz y este otro de Alonso Cueto sobre Sergio Pitol.
Luego del desperezarme, y tras el bendito duchazo, me puse a hacer algunas anotaciones, impresiones al vuelo sobre algunos libros y películas que he consumido en estos últimos días, como esta suerte de artefacto literario llamado Doble fuga de amor y muerte del francés Jean Legrand. Me resisto, pues, a catalogarla de novelita, menos de poemario.
Legrand fue el fundador del Sensorialismo, entre 1929 y 1950 llevó a la práctica las bases de su movimiento, pero sin el impacto esperado. De lo contrario, sabríamos algo de él, tendríamos información marginal que nos diera un poco de luz, a duras penas sabemos que era catalogado de maldito y oscuro. Incluso fue todo un desconocido para el círculo cultural francés, hasta que un editor decidió publicar este libro rotulado de novela. Desde el 2013 circula la traducción al castellano de Manuel Arranz, gracias a la editorial española Periférica.  
Esta lectura sucedió en su momento, puesto que días atrás, a manera de seguidilla temática pautada por el azar, el tema de los rescates literarios me fue compartido por amigos y conocidos relacionados al mundo editorial. En cada una de estas “reuniones”, títulos de autores no muy conocidos se hacían presentes. En lo personal, no dejaba de pensar en posibles rescates (no como compendio) de Peces de betún de Mercedes Delgado y El arte de olvidar de Vicente Azar. Obviamente, hablo de títulos ubicados por el lector peruano enterado, desconocidos para la gran mayoría. En esas conversas, debido a mi tendencia a la distracción, se me pasó traer a colación la referencia a este artefacto de Legrand, cuyo título no fue rescatado, sino descubierto, es decir, como autor fue extraído del inminente olvido, leerlo me supuso toda una revelación en cuanto a la bella extrañeza de su propuesta, debido al peso, fragilidad e incomodidad de su lenguaje.

viernes, abril 20, 2018

descuido


Uno de los más alarmantes descuidos de la sociedad peruana en lo que va del siglo XXI, ha sido el laxo discurso sobre lo que fue el terrorismo para esta. Aunque joda, no se puede negar la nula percepción que tienen los más jóvenes sobre los hechos negativos y sangrientos que llevaron a cabo Sendero Luminoso y el MRTA entre 1980 y 1993.
Ahora que vemos a los cabecillas del terror fuera de las cárceles, sin haber mostrado la más mínima señal de arrepentimiento por sus actos, uno se pregunta qué se hizo al respecto para aniquilar en el discurso una postura que aún sigue teniendo injerencia en ciertos segmentos de la sociedad peruana, sin importar lo minúsculas que estas sean. En una sociedad responsable, que respeta a sus civiles y militares masacrados, el asunto del terrorismo debió ser superado, pero no ha sido así, y eso es lo que preocupa, sobre todo cuando algunos tarados comienzan a llamar a sus cabecillas presos políticos, revolucionarios que lucharon por un país mejor.
Entre las manifestaciones contra las últimas resoluciones del Poder Judicial, veo a los llamados cavernícolas de la derecha quejarse ante lo que ha sido una decisión legal discutible. Veamos pues el abrazo entre Morote y Abimael Guzmán tras conocerse la detención domiciliaria para el primero, toda una metáfora de la conchudez y símbolo de férrea desconexión de la realidad que refuerza sus “convicciones”, peor cuando vemos a sus abogados en declaraciones a la prensa pidiendo que no se les llame terroristas.
Lo que fastidia más es que la torcida ideología senderista es un discurso que puede horadarse, no hay mucho que pensar al respecto cuando tenemos una postura que jamás gozó del favor de la población. Esta tarea debió realizarse desde los colegios y las universidades, confrontando la situación actual (para nada una maravilla) con el contexto que vivió el país en los ochenta. Aquí hay una responsabilidad estatal, del mismo modo una dejadez en todos los gobiernos de la etapa democrática. No hubo una política del recuerdo. 
¿Y qué hacen al respecto nuestras luminarias de izquierda? Fácil: condenando los ataques en Siria, ya los quiero ver en Damasco a estos huevones.

jueves, abril 19, 2018


sin sexo


Estamos en semanas de fiebre mundialista y a contados días para que el circuito literario sea invadido por las novedades de ficción. La contactología hará nuevamente acto de presencia y del mismo modo el inevitable reseñismo delivery, cuestionables prácticas en toda aldea, solo que en estos predios carecen de estilo.
¿Qué esperamos los lectores de ficción peruana este año? Nos queda claro que se viene escribiendo mejor en el siglo XXI. Sin embargo, hay una tara compartida por la mayoría de autores, una especie de cangrejo cachaciento a la espera de aguar el tono: la flojísima configuración moral de los personajes.
Cuando leo cuentarios y novelas, aparte de la dimensión literaria, espero también una experiencia emocional. Pero ¿qué tipo de conmoción podemos vivir con incomprendidos seductores, malditos sin malicia y apetecibles mujerones en desdicha, incapaces de manifestarnos algo más que histeria existencial? El lector ya dictaminó: la narrativa peruana última aburre. La sentencia no falta a la verdad. Y revela la consecuencia de ver a tanto escritor peruano pendiente de su posicionamiento cuando tendría que construir personajes verosímiles.
De Chéjov a Carver: sin personaje no hay ficción. En el caso local, este es demasiado puro, sin agujeros ni mierdita emocional. Por ejemplo, pensemos en su relación con el sexo: o bien contenidos por el juicio moral que sufriría el creador o falsos por sudar harto lugar común. Solo dos novelas y un cuentario abordaron el sexo mediante la humillación del personaje. Apunten: Sueños bárbaros de Núñez Carvallo, Esta casa vacía de García Falcón y Una calma aparente de Solano.
Bien lo dijo la cronista Leila Guerriero: “el periodista deja de ser tal cuando se aburguesa”. Esta opinión también la podemos aplicar a nuestras “maravillosas” plumas que han aburguesado hasta su poética. No queda otra: hay que exponer la zona oscura de la emoción.

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Publicado en Caretas

lang


Si algo para recordar me deja el pasado verano: las películas de Fritz Lang. En más de una ocasión he dicho que los veranos los dedico a ver otras vez películas que no necesariamente me hayan gustado, a manera de ejercicio, como quien va a caza de la primera impresión.
En este sentido, descubrí que tenía no pocas películas del director alemán, algunas de ellas no las había visto y no sé cuánto tiempo transcurrió desde la ocasión que las compré. Entre las que no conocía, una que no solo me gusta, sino que considero una obra maestra del arte de narrar, en donde nos encontramos con personajes extraordinariamente perfilados y en interacción sin llegar a desentonar.
Los verdugos también mueren (1943) es un proyecto ubicado en la etapa americana de Lang, el cual consigue sacar a la luz tras adecuarse a los criterios comerciales de la cinematografía gringa. Llegar a dirigir esta película (para más señas, comparte derechos de guion con Bertolt Brecht), le significó pagar un derecho de piso, es decir, se vio obligado a “amabilizar” sus películas para el gusto del público consumidor.
Si Lang deseaba seguir dirigiendo tras huir de Alemania, no tuvo otra opción que obedecer los lineamientos que le requerían. Sin embargo, esto no significó hipotecar su poética, era solo ceder, retroceder un paso para avanzar. Luego de tres películas que cumplieron con las exigencias de los productores, Lang llevó a cabo esta historia que no solo es divertimento, sino también tributo a la resistencia de mujeres y hombres checoslovacos ante la invasión nazi. La trama orbita en el asesinato de Reinhard Heydrich, Protector de Bohemia y Moravia, ocurrido en 1942. Lang se halló ante un argumento caliente, ni siquiera tibio, lejano de los lineamientos creativos que sugieren un prudencial paso del tiempo cuando se trata de recrear hechos históricos.
Lang no tenía cerrado el caso Heydrich, a su despacho llegaban las feroces represalias de Hitler contra la población checa para dar con los responsables del atentado contra el que se suponía sería su potencial sucesor. Ante esas informaciones, Lang deshecha erigir un solo héroe y opta por la heroicidad colectiva. Para él, todos serán protagonistas de consideración, desde la señora que vendía verduras hasta el hijo menor del profesor Novotny, especie de figura tutelar que adoctrina en su casa en materia política a sus discípulos. No es un personaje estelar, pero sí clave en cuanto el avance de la historia y su desenlace, puesto que en él, presente y ausente, se tejen los dramas y subdramas, como el conflicto entre su hija Nasha, su prometido y el huidizo Vanek. La delación amenaza con seducir a los personajes, que comparten la sospecha común sobre el asesino del oficial nazi, pero optan por el silencio y la distracción ante las investigaciones de la Gestapo.
Es precisamente en esta no-delación que Lang lleva su proyecto a no pocas cimas visuales, en lugar de concentrar, dispersa la atención del espectador, huye del lastre de la fijación en un solo personaje para enfocarse en la colectividad. Hay que tener en cuenta la escena cuando cercan al traidor checo en un bar, aquel que no desea perder sus privilegios y que decide ayudar a las fuerzas invasoras. 
Lang hizo alarde de la especulación, aunque su trabajo no calza con lo que sucedió, nos entregó una obra maestra.

miércoles, abril 18, 2018


morote


Para los lectores no peruanos del blog, en especial algunos simpatizantes de la izquierda, pero confundidos en cuanto a las ramas discursivas que esta exhibe: Osmán Morote es un pésimo representante de lo que tendría que pensarse de la izquierda peruana.
Sendero Luminoso jamás fue un movimiento revolucionario, menos un grupo guerrillero que luchó por el bien común, abrigando una digna causa popular. Eso es lo que transmiten los senderistas de cantina que ocupan ciertos cargos académicos y mantenidos por organizaciones no gubernamentales, priorizando sus intereses ideológicos a la verdad histórica que debe imponerse si es que existiera una pizca de buena voluntad.
SL fue grupo sanguinario que masacró a decenas de miles de peruanos en los años conocidos como La guerra interna. Nunca gozó del favor popular, jamás  recibió esa legitimidad por la sencilla razón de que su accionar no admitía opinión contraria, menos el debate, solo la sujeción ciega mediante la imposición de una retorcida agenda ideológica que fracasó en China a mediados de los setenta.
Entre las perlas de terror que carga Morote, es sindicado como uno de los autores intelectuales del atentado de Tarata en 1992; además, jamás pidió perdón, menos disculpas, por las acciones cometidas por ser el número 2 de Sendero. Por ese solo hecho, que ni él, ni los futuros cabecillas senderistas que están por salir, esperen que la sociedad peruana los trate bonito. No hay trincheras políticas e ideológicas que valgan, puesto que todos los peruanos sufrieron a causa de este pésimo remedo revolucionario. 
Morote y los demás payasos (incluyendo a ciertos oligofrénicos del Frente Amplio y Nuevo Perú) tendrían que estar “agradecidos” porque hay un Estado de derecho que, con fallas y logros, les permite afrontar sus juicios en dentro de un marco jurídico, sin embargo, ello no los librará de la permanente condena social, serán ratas espoleadas. Se lo merecen.

sábado, abril 14, 2018

a indignarse


No hay nada más estimulante para el espíritu que levantarse tarde tras una noche-madrugada productiva y toparse con los comentarios en redes a cargo de las luminarias del pensamiento nacional, el orgullo patrio de la superioridad moral, el aval ético contra las maldades de este puto mundo neoliberal.
Me sirvo café y analizo al vuelo la corriente opinativa. Como bien decía Pérez Reverte en un arranque de lucidez: el ser humano no debe perder la capacidad de indignarse.
Hay que ser de piedra, carecer de sensibilidad, para no alarmarse con el ataque de Estados Unidos, Francia y Reino Unido contra Siria. Son conocidos los intereses políticos y económicos puestos en juego, aunque, así sorprenda, el tema del petróleo ya no resulta medular como sí años atrás. Del mismo modo, a nadie sorprende las mentiras en las que se basan estos tres gobiernos con tal de justificar sus afanes imperialistas y de dominio.
No se está diciendo nada novedoso.
Los poderosos siempre serán los malos, es lo que se señala en el libreto y tienes que seguirlo y manifestarlo para que no te tengan en menos. No te olvides, nos encontramos en la época del parecer y en ello contribuye la trinchera virtual.
Sin embargo, estas condenas también reflejan su lado débil, el margen lorna que las delata de posera, oportunistas e inmorales, su mensaje es aberrante: palo y clavos contra el abuso de los masmáses de occidente y a cerrar el hocico contra la matanza que el gobierno sirio viene realizando a su población. Claro, los sirios huyen por decenas de miles, pero no lo hacen solo por las bombas “neoliberales”, sino por hartazgo e instinto de supervivencia. La nueva generación de sirios no está dispuesta a sufrir lo que sus padres y abuelos, al menos hará suya la oportunidad de desatarse de la férula de un asesino como Bashar al Asad. 
El oportunismo progre, y no solo peruano, es único.

miércoles, abril 11, 2018


¿formalidad?


En estos últimos días vengo escuchando la palabra “formalidad”.
Los lectores del blog saben que no soy nada adepto a los excesos de los movimientos y colectivos feministas, nada más lejos de uno que el atarantamiento por la denuncia.
Ahora bien, la denuncia de Daniela Pflucker a Guillermo Castañeda, aparte de delicada por el sinuoso contenido de las versiones, se impone también como una cruda metáfora de cómo se trata a la Mujer en este país de fierro, catre y botella.
Lo obvio: toda investigación que respalde una denuncia debe sostenerse en pruebas, pero también en una sensibilidad esencial que pueda acoger a las mujeres que en un acto valentía sindican a sus maltratadores, aquellas cuyos testimonios son puestos en duda por el solo hecho de ser mujeres. En este punto, sí me manifiesto a favor del discurso de los colectivos feministas locales, no en coherencia con la ideología, sino más bien en onda con el sentido común.
En parte, gratifica que se comience a brindar un apoyo a la versión de las mujeres agraviadas. Apoyo que no estaba siendo efectivo a razón de una exigencia de “formalidad” en la acusación. Recordemos que hace año y medio acaeció un sonado caso de acoso en el circuito literario local, en donde se dudó de los testimonios de las denunciantes, gracia que puso de manifiesto el doble rasero de los colectivos feministas dispuestos a enfrentarse a todos, menos a sus líderes de opinión que ejercían el acoso virtual. Se blindó al acosador de entonces con la cortina de la formalidad, exponiendo a las acosadas a una pasarela signada por la burla. 
Mientras haya mujeres y hombres que crean en la lucha por los derechos de la Mujer, la batalla tendrá un objetivo definido. Eso es lo que se necesita, convicción, no alharaquientas virtuales que son delatadas como tales cuando ven que el denunciado forma parte del círculo de poder que protegen más que el principio que juran defender y honrar.

jueves, abril 05, 2018

defensa de la ficción


Ya es costumbre que Mario Vargas Llosa altere la paz de nuestro pueblito cultural, cuyos integrantes caen presos de la conmoción a razón de las supuestas ligerezas que vienen conduciendo últimamente su criterio. A saber, lo acusan de favoritismo por el artículo dedicado al último título de Pedro Llosa, a quien tenemos que calificar de buen narrador; y hace poco, de machista retrógrada por Nuevas inquisiciones, en donde manifiesta su desacuerdo de la profilaxis que el feminismo radical pretende llevar a cabo con los libros de ficción.
No siempre sintonizo con MVLl, pero de dicho artículo firmo cada una de sus palabras. La razón es muy simple: estamos ante una férrea defensa de la lectura de ficción, últimamente en peligro por obra y gracia de la mirada fanática de la reivindicación y también por cuenta de las estrecheces académicas de los estudios culturales. Militancia ciega y estupidez discursiva que ahora van tras el único refugio que les queda a muchas mujeres y hombres de cultura: la imaginación y recreación como frutos del acto de leer.
Nuestra condición de lectores se resentiría mucho si antepusiéramos elementos extraliterarios a lo que nos ilumina de un libro. Las inventivas y el talento para transmitir están por encima de la moral del emisor de turno. Eso es pues lo maravilloso de la experiencia literaria, que nos rescata del vacío de la cotidianidad. Por ejemplo: ¿acaso dejaré de admirar por asesina a la fabulosa narradora de suspenso Anne Perry? En 1954, cuando Perry respondía al nombre de Juliet Hulme, mató de 45 ladrillazos en la cabeza a la madre de su mejor amiga Pauline Parker. Las adolescentes Hulme y Parker idearon el macabro acto con frialdad. Fueron separadas para siempre y enfrentaron la condena social. En su encierro, Hulme descubrió la evasión de la lectura.

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narradoras


Un acontecimiento a celebrar en la literatura peruana del presente siglo es la aparición de una nutrida camada de narradoras. Como en las farmacias, hay de todo: desde las que exhiben una poética coherente hasta las que no tienen absolutamente nada que decir. Más de una ha sabido romper mediante la calidad literaria los candados del celador machista, lo cual es meritorio, porque el sendero para una mujer que escribe y publica es mucho más jodido que el recorrido por un hombre de letras.
Entre las autoras que vienen consolidando su proyecto están: Karina Pacheco, Alina Gadea, Grecia Cáceres, Susanne Noltenius, Claudia Salazar, Yeniva Fernández, Jennifer Thorndike, Irma del Águila, Julia Wong, Claudia Ulloa y Katya Adaui. De las nuevas voces, destacan las talentosas Miluska Benavides y María José Caro. Podemos aseverar que el asunto guía las poéticas de la mayoría, cosa que agradecemos, porque nos han aliviado un poco del posero aburrimiento que identifica a muchos de sus pares varones, tan alocados por izar la bandera multicolor de la contactología editorial.
Ahora bien, no olvidemos a las que publicaron anteriormente a esta eclosión y que están pasando desapercibidas: Patricia de Souza, de quien recomiendo su última novela Mujeres que trepan a los árboles, y Teresa Ruiz Rosas, que ya tendría que ser considerada como la mayor narradora peruana en actividad.
De RR sugiero buscar El copista (Finalista en 1994 del Premio Herralde de Novela), La mujer cambiada y Nada que declarar. La excelente recepción crítica internacional de su obra no ha tenido eco en nuestro pueblito debido a los sentimientos menores, la mezquindad y otras “maravillas”. Aún podemos resarcirnos de tremenda dejadez, ya que circula en librerías locales El color de los hechos (2017), excelente selección de su narrativa breve en la que hallamos inteligencia de argumento y riqueza simbólica. Quedan avisados.

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miércoles, abril 04, 2018

expo feminista


No hay cosa que me fastidie más que el radicalismo (y claro, también la falta de humor).
Las manifestaciones de los excesos exhiben alcances insondables y últimamente el feminismo está cayendo en estas ciénagas (obviamente, de mi parte hay una mirada buenagentista, puesto que no son pocos los que aseveran que la intolerancia forma parte del feminismo).
El arte es ajeno a estas reivindicaciones, más aún cuando estamos en tiempos en los que el tema de la Mujer resulta delicado, circunstancia que a muchos ha obligado a abrigar su discurso sin manifestar reparo alguno del mismo.
A lo largo de los años he visto exposiciones de corte feminista que resultaron soberanos fiascos estéticos y que no eran catalogados como tales precisamente por su tema. Esta tendencia valorativa ya se ha impuesto como una norma, es decir, puedes presentar cualquier cojudez bajo el rótulo feminista para que recibas el saludo del compromiso con el momento “histórico”.
Por ello, no me queda más que recomendar la exposición feminista Energías sociales/ Fuerzas sociales de Natalia Iguiñiz, que pueden ver hasta este domingo 8 en la galería Germán Kruger Espantoso del ICPNA de Miraflores.
Un buen pata me habló de la exposición, cuando le pregunté sobre sus lineamientos, este me dijo que vaya, que no iba a perder nada. Efectivamente, no perdí nada y gané mucho. Ni bien pisas las instalaciones de la exposición uno experimenta una confrontación sensorial, o llámalo incomodidad. 
Se recorren pues más de quince años de trayectoria de Iguiñiz en cuanto al tópico de la Mujer y su relación con la sociedad. En este sentido, el discurso es frontal y como bien dijo mi recordado Miguel Gutiérrez: “un discurso sin estética no puede aspirar al arte”. Lo de Iguiñiz cumple este principio, el discurso encuentra justificación y epifanía en la forma estética, detalle que podría sonar a lugar común, que no tendríamos que indicar, pero el contexto obliga a expresarlo debido a las exposiciones encausadas únicamente en el sendero de la denuncia.

lunes, abril 02, 2018


polémica / obra


Luego de un largo fin de semana, me pongo al día con algunos temas que no había estado siguiendo con la frecuencia que otros sí.
Desde hace algunas semanas se viene discutiendo en las redes sociales la situación de la poesía peruana actual, debate en el que participan los colectivos Sub 25, Anima Lisa y Vallejo &Co.
Para muchos, estos cruces de opinión son una pérdida de tiempo. En lo personal, considero que todos los debates y polémicas son positivos, nos ayudan a pensar en la visión contraria y refuerzan nuestro discurso argumental, siempre y cuando exista voluntad para aprender y para aceptar si es que se ha cometido alguna equivocación.
Si la memoria no me falla, esta es la primera vez que veo un debate de poesía peruana entre sus protagonistas del siglo XXI, cosa que me parece saludable, porque ha habido una mejora en la producción poética de los últimos años, es decir, se ha venido abandonando la zona oscura que cubría a casi todos los nuevos poetas peruanos.
También soy de la idea de que cuando se discute de cualquier tema, hay que tener cuidado en no ser juez y parte del mismo. No porque no sea pertinente, sino en aras del buen gusto, ajeno a las huachafadas del contrabando discursivo que hemos visto en otras polémicas. A menos, claro, que se tenga una obra que respalde la postura. Llámalo autoridad, si te parece.
En este sentido, me ha fastidiado el tono de superioridad, el aliento vivazo, de los participantes. Podría entender esta actitud si detrás hubiese una obra atendible. Recordemos las polémicas de los integrantes del movimiento Hora Zero en los setentas, también las de algunos miembros del grupo Kloaka en los ochentas. No digo que la obra legitime la versión, menos la rabieta, pero sí nos permite entender la posible verdad del reclamo.
No hace falta quemar cerebro, si nos ceñimos a la obra poética como tal, siendo esta una en pleno proceso de construcción, la conformada por Mendoza, Pera y Polack es más equilibrada y proyectiva que la de los vates de S25 y AL. 
Que siga la polémica, pero tengan en cuenta lo siguiente: piensen en los lectores, no en los Likes.