viernes, junio 22, 2018

mi plata, tu plata, nuestra plata


Ya conocida la lista de 32 autores que conforman la delegación peruana que irá en octubre a la Feria Internacional del Libro de Santiago, no pocas inquietudes y satisfacciones se presentan. En cuanto a lo segundo, saludamos la inclusión de Teresa Ruiz Rosas, de quien esperamos la reedición de su novela breve El copista. Como en su momento indicamos en esta columna, RR es nuestra narradora mayor, certeza avalada por la calidad y no por el servilismo. También nos gratifica ver a Higa, Arámbulo, Jara, Vásquez y Vega, voces que merecían una mayor visibilidad.
Vista de lejos, se trata de una selección que cumple con ser plural y que no solo se limita al espectro literario, sino también humanístico. Sabemos que las listas jamás contentan a nadie y esta no ha sido la excepción. Sin embargo, levita una sensación de turbiedad informal en cuanto a los cinco criterios empleados para el filtro (diversidad regional y cultural, diversidad temática, diversidad de géneros literarios, equidad de género y trayectoria y equidad generacional), que refleja un traspié ético: a los encargados de escoger no les dio la gana de investigar a profundidad en pos de la legitimidad de la comitiva. ¿En realidad está yendo lo “mejor”? ¿Acaso se está privilegiando la calidad literaria y referencia cultural? ¿Plumas caseritas, no?
A diferencia de los convocados del Hay Festival y la CPL, el Ministerio de Cultura está en la obligación de ser transparente en todos los aspectos, por la sencilla razón de que no es una entidad privada que tiene el derecho de disponer de su plata como crea conveniente. Por ello, la publicación de los nombres de quienes hicieron esta chocolateada es un deber a no esquivarse en el trámite ni en el verso barato, como sí ocurre en otros ministerios. 



miércoles, junio 20, 2018

disfrutar


La desazón del sábado a causa de la derrota de la selección contra Dinamarca, combinado que nunca fue superior al nuestro… La furia de la hinchada hacia Christian Cueva, que no solo tuvo la presión de anotar en el penal, sino también la contenida carga emocional de millones de peruanos… El mismo hecho de pararse frente al balón y el posterior amague que obligó a Schmeichel a tirarse a la izquierda, fue el anunció de una algarabía que no fue… Sucedió y punto.
Estamos pues en medio de la impresión primeriza, convertidos en firmes creyentes de lograr hasta lo imposible: podemos arrasar en una competencia en la que mínimo tendríamos que llegar a Cuartos de Final. Entiendo esa “certeza”, la selección ha venido mostrando un ordenado despliegue de equipo, una solidaridad en la lucha por el balón perdido, además, ha sabido reponerse a los estragos, tanto en el proceso eliminatorio (lesión de Gallese para los partidos de Bolivia y Ecuador) como en los amistosos preparatorios para el Mundial (ausencia de Guerrero).
Hay, pues, un equipo que sabe a qué juega. Si gana lo que tiene que ganar, bien por todos. Si en caso no, no tendríamos que reprochar nada. Esta no es una idea conformista, como podría pensar algún alucinado, sino real, que se ajusta a la magnitud de nuestra condición futbolística, que viene brindando más de lo que esperábamos en Rusia, ¿acaso pensábamos en esta situación hace tres años? 
Por eso, no me hago problemas, ni me lamento. Solo disfruto de un grupo humano que demuestra compromiso, ganas de aprender y afán de trascendencia, el cual exhibe un fútbol en coherencia con su identidad. Eso: pasarla bien, lo demás es trámite.

mejor que ficción


El asesinato de Luis Banchero Rossi fue la tendencia temática de 1972. Esta revista y otros medios ofrecieron detallados y extensos reportajes sobre un crimen que brillaba por su complejidad. Hubo pues de todo: desde el informe objetivo hasta el alentado por el delirio sicotrópico. Atento a la epifanía de esta historia, Guillermo Thorndike publicó al año siguiente una obra maestra: El caso Banchero, que alguien debería rescatar ya (sobre todo ahora que Planeta reeditará Manguera, del mismo autor). Además, para quien escribe es superior a la de Capote, A sangre fría.
Un libro como el de Thorndike fue escrito en caliente, a contrarreloj. El crimen demandaba un desarrollo discursivo y felizmente el autor tuvo un editor, Barral, que supo acoger su propuesta. Esto me hace pensar en los muchísimos proyectos que nacieron del periodismo y que no encontraron cobijo debido a la precariedad del circuito editorial. A pesar de ello, pudimos leer títulos atractivos que sintonizaban con el interés del público, como Muerte en el Pentagonito de Uceda, Sendero de Gorriti y Ciudadano Fujimori de Jochamowitz. Los dos últimos ahora integran la colección Memoria Perú de Planeta.
Si hoy hablamos de una Edad de Oro en la industria editorial, se debe a que ha habido una acertada lectura de los tópicos pautados por la agenda periodística: racismo, feminicidio, crisis política, etc. Por ejemplo, veamos la flamante serie de libros sobre fútbol, acaso la cereza de la torta de este buen momento que nadie esperaba hace cuatro años. 
Los libros de no ficción están solventando a las grandes editoriales y también a algunas pequeñas. Ahora se puede contar con recursos para apostar por nuestra “electrizante” ficción, infestada de autores que la rompen únicamente en likes y que no despierta ánimo alguno por soporífera.



miércoles, junio 13, 2018

extrañez


Hace algunos días, mientras ordenaba algunos libros, en especial de poesía, encontré uno de los muchos que no aún no he leído: Alameda tras las rejas (2010) del chileno Rodrigo Olavarría. Publicación de la editorial santiaguina La Calabaza del diablo.
En 2014, si la memoria no me falla, presenté en la FIL la traducción que Olavarría hizo de Kaddish de Ginsberg, para Anagrama. Fue una presentación que salió mejor de lo que se esperaba, que tuvo lugar en el auditorio César Vallejo, el más grande del recinto ferial.
Con este buen recuerdo, me acerqué a estas páginas que significaron un fogonazo, sea por la furia lírica y a la vez pausada, por su despliegue de sensibilidad y conocimiento que pautan el ritmo de los textos, pero más que nada por la extrañez de su registro, el híbrido que signa los poemas y la escritura bajo el formato de diario, que le permite a nuestro autor exhibir un recorrido vital por los elementos que identifican los recovecos y espacios de su ciudad, del mismo modo el viaje interior (reflexivo) que supone el acto de escribir, pero no nos referimos a una pontificación del mismo, sino al encuentro medular de su acto: la voz, que espera la revelación sin necesidad de esperarla, la luz que la viste de naturalidad. Es por ello que en este proyecto nada suena a impostado, falso o efectista, taras que por lo general vemos en los primeros libros de autor, con mayor razón si hablamos de poemarios. 
Sin duda, ayuda mucho el registro del diario, que permite quebrar la señalización discursiva para adquirir una libertad de escritura que Olavarría aprovecha, pero siempre en los cauces temáticos en los que puede ser fuerte. Esa es la gracia en este ejercicio, el cual no admite mentiras y los resultados no pudieron ser menos que auspiciosos.

deuda pelotera



La industria editorial no ha sido ajena a la fiebre mundialista. Nuestros editores no han tenido que pensar mucho para darse cuenta de la obviedad de la ganancia económica inmediata, hasta el editor más lerdo se puso las pilas: no se le podía escapar la tortuga. De lo que he leído, recomiendo los siguientes títulos: Con todo, contra todos de Yrigoyen (en cuyo proyecto colaboré con documentación), El camino a Rusia de Jara, Mundiales y destinos de Cuba Luque y Benditos de Gomez y La Hoz. Son libros escritos al galope, contra la fecha límite de los primeros partidos amistosos de la selección. Pero no entendamos el apuro como posible deficiencia, todo lo contrario: exudan rigor informativo y elaborado punto de vista.
Es cierto que Jara, Gómez y La Hoz son periodistas de profesión, pero el gran público no los asocia como escribas peloteros, quizá los que pasamos la base tres pensemos en el primero cuando fue director de Once. Este detalle confirma la terrorífica sospecha: la pobreza cultural e intelectual que define al periodismo deportivo peruano, cuyos representantes están en deuda, porque eran los llamados a escribir los libros que ahora estamos leyendo.
En las últimas décadas no hallamos plumas futboleras dignas de recuerdo. Uno escarba en la memoria y el pavor se impone ante las burlas y vituperios que nuestros futbólogos solían lanzar contra El Veco, hombre leído, culto, memorioso e inteligente. En Peredo total, que leo en estas horas, encontramos algunos rasgos del uruguayo, a saber, la construcción de una personalidad. Peredo no fue una luminaria de la prosa, pero escribió con solvencia sobre fútbol peruano cuando este era un llanto nacional, he ahí la distancia con sus colegas, pues hizo que el chancay parezca tres leches: Popović, Chemo, Company, Charún, Kukín, Martínez, Waldir, etc.



sábado, junio 09, 2018

tomar acciones


Días atrás, mientras conversaba con un amigo, este me decía que muy pronto tendría que publicarse todas las peripecias que configuraron la llegada del delantero nacional Paolo Guerrero a la selección. Su historia tiene todos los componentes para ser fuerte en los registros de la No ficción, término que cada día entiendo menos pero que a la vez disfruto más.
Como imagino soy de los pocos a los que el Mundial cansa, cosa que podría ponerse en duda a medida que pasen los días y comiencen a disputarse los encuentros oficiales, me concentro en algunas búsquedas bibliográficas, que no tendrían que demandarme mucho tiempo encontrarlos siempre y cuando la distribución fuera buena. Sé que no demoraré en leer uno de ellos, que ya lo tengo en el radar, solo que jode un poco tener que movilizarme hasta la librería de una universidad privada, cuyo fondo editorial ha publicado lo que algunos, en quienes confío, dicen que es un libro imprescindible: Lo inescuchable de Ana María Guerrero.
La publicación tiene el siguiente subtítulo: “Reflexiones sobre prácticas en salud mental a partir de la violencia sexual durante el conflicto armado interno”. Aquí se deduce su tema medular: la violación que sufrieron las mujeres durante los años del terrorismo (prefiero este término a la sinuosidad de violencia política, guerra interna y otras cojudeces parecidas), mujeres que a la fecha siguen siendo deuda del Estado peruano. No importa quiénes hayan sido sus agresores, si terroristas o militares, sino en qué se ha hecho por ellas. La respuesta no es un misterio, sino cruda realidad: ni mierda, el desinterés flagrante por juzgar a los violadores. 
En la sociedad peruana se ha instaurado la cultura del desinterés, que es peor que el “elaborado” concepto imbécil que sobre la situación de la Mujer vemos en las redes sociales, total, cada quien puede emitir la opinión que le plazca, pero luego no nos sorprendamos de lo que acaece: ¿por qué pasan estas cosas?, se pregunta el huevonauta cuando se entera de la terramoza violada por partida doble, sea como víctima de la maldad de sus compañeros de trabajo y como perjudicada de un sistema estatal que deja libres a los miserables que la ultrajaron. Tomar acciones no es posibilidad, sino inmediata realización.

martes, junio 05, 2018

responder


Ante la cadena de agresiones a mujeres que vemos a diario, con mayor razón cuando hace pocos días nos enteramos de la muerte de Eyvi Ágreda, cuyo fallecimiento obedeció a la contaminación de su cuerpo tras ser rociada con el polvo del extintor minutos después de haber sido quemada por un miserable que buscó vengarse de ella por no hacerle caso, no queda ninguna acción racional: la demora de la justicia, el desdén de los organismos llamados a cuidarlas y la inacción ciudadana agotaron el poco crédito moral que les quedaba. Ante ello, las mujeres tienen que defenderse de la misma manera en que son atacadas.
Mucho discurso, demasiada superioridad moral y excesiva intelectualización de la barbarie que leemos en las columnas de opinión de los diarios, ni hablar de las redes sociales, en donde somos testigos de la pontificación e indignación de los acosadores, de las sentencias apofánticas de pequeños terroristas que no van más allá del conchasumadreo a mujeres y otras maravillas. La posería e imbecilidad hicieron sinapsis. Mientras se piensa en esta calamidad, una mujer está siendo masacrada. No se pudo tener peor metáfora de la situación: el mismo día que enterraban a Ágreda, en Chorrillos una mujer estuvo a punto de ser asesinada por su conviviente, quien la había amenazado con quemarla “igual que a Eyvi”. 
La respuesta a esta violencia contra la mujer parte del detalle, de la batalla diaria y de un cambio de actitud en el trato mismo con Ella. Es decir, dejarnos de huevadas y actuar ante la más mínima muestra de agresión, sea esta física o verbal. Lo demás es silencio, verso barato y cojudo pensamiento correcto.

sábado, junio 02, 2018

hacer obra


En estas semanas se ha venido discutiendo sobre la situación de la poesía peruana última. Al respecto se han barajado influencias y también hemos visto un entendible afán por obtener reconocimiento entre sus participantes. No sorprende la bulla: obedecemos a una rica y contundente tradición poética.
Un poeta peruano, sea el que sea, es el “Poeta peruano”, que siente que los saludos valorativos son herencia, maná relleno de manjar blanco que todos deben disfrutar. En este sentido, entiendo los reclamos que suscita la poca atención de sus trabajos, sin embargo, lo que preocupa es que este multicircuito carezca de alguaciles, de celadores responsables que pongan orden a las manifestaciones poéticas no solo de Lima, sino también de Arequipa, Trujillo y Chiclayo. Lector, agárrate: en estos momentos todos los novísimos son luciferinas encarnaciones de Rimbaud.
En este nuevo siglo asistimos a una atractiva eclosión que merece un honesto escrutinio, sigo y leo a sus protagonistas y me convenzo de que lo más llamativo desde 2010 es Breve historia de la lírica inglesa de Briceño, a quien no mencionan ni en los debates virtuales. Estos círculos de discusión exhiben una “involuntaria” pendejada: no se puede ser juez y parte a la vez, he ahí el vertedero amiguista, la trampa del contrabando valorativo y la peregrina idealización de la juventud, que la podría entender si tuviéramos un poemario como Zona Dark (1991) de Álvarez.
Veo y escucho a nuestros calichines del verso y siento que estoy ante jubilados amargados. En cambio, las plumas mayores son las que vienen marcando el ritmo, la búsqueda temática y el compromiso poético. Leámoslos y calmémonos: Notas para un seminario sobre Foucault de Montalbetti, El motor de combustión interna de Chanove y Plaza Mayor de Muñoz, quien a los 78 años es el poeta más joven del Perú.



martes, mayo 29, 2018

pericotear


El barrio de Santa Beatriz es una fiesta tras el triunfo de la selección peruana en su partido de despedida ante el joven combinado escocés. Las celebraciones son entendibles, pero en ciertos espacios la algarabía se hace más presente, a saber, los edificios y casas colindantes al Circuito mágico del agua.
No se jugó como algunos esperaban, sin esa contundencia que exigen algunos hinchas nacionales que se están acostumbrando a ganar. Pero antes que victorias, lo que más gustó fue la cohesión del equipo, el entendimiento que en especial vemos en el mediocampo, que en más de un pasaje nos regaló más de un pase de memoria, como las jugadas brindadas por Cueva y Farfán.
El equipo funciona porque su estructura de juego no tiene secretos, menos dependencia de jugador alguno. En este andamiaje hallamos la esencia del fútbol peruano: el pericoteo. A algunos seduce, a otros (entre los que me incluyo) no. El balón al ras es ya tradición en las selecciones peruanas, lo hemos visto (y leído) en sus mejores momentos, también en los años oscuros. Gareca no se ha hecho problemas con esta cualidad innata del jugador peruano. 
No sé cómo le irá a Perú en Rusia. Cualquiera sea su desempeño, nos queda la tranquilidad de ver un equipo solidario, que ha sabido hacerse fuerte en sus recursos, sin temores ni complejos ante los embates conceptuales del llamado fútbol moderno. Me alegra porque el entrenador ha sabido respetar una tradición y a la vez fortalecerla. Pero lo más importante: ha cuidado el grupo humano a su disposición.  Es fiel su ley y él mejor que nadie sabe que no deben repetirse los errores de antaño. Lo digo en referencia a los preclaros huevas tristes que pueblan las redes sociales, esclavos del comentario inmediato y signados por la arrogancia. Los que pedían a Lapadula y Pizarro están callados, seguramente pensando en el contradiscurso que les permita explicar el desatino cuando lo más fácil es deletear.

viernes, mayo 25, 2018

philip roth



La narrativa mundial no solo está de luto por la muerte de Philip Roth, sino que esta no tardará en experimentar un vacío del que difícilmente vaya a poder recuperarse. Roth simbolizaba la tenacidad y persistencia en la escritura de ficción. No exageramos si afirmamos que Roth era la Novela, género en el que destacó al nivel de los más grandes del siglo XX, y a la que confirió de una profundidad temática cuando parecía que iba a perderse por los cauces de la acrobacia formal y el juego lingüístico. Para nuestro autor no existía estructura narrativa si antes no había dimensión humana, que desplegó en novelas tan distintas como El lamento de Portnoy y Pastoral Americana.
La partida de Roth duele porque lo asumíamos como un maestro que iba a ser eterno. En 2012 anunció que iba a dejar de escribir y que ya no haría más apariciones públicas. Para aquel entonces ya había cumplido gracias a sus novelas, cuentos y ensayos, canibalizando la dimensión judía norteamericana de la misma forma en que lo hicieron sus compatriotas Bernard Malamud y Saul Bellow, además, siempre mantuvo un apego por autores de Europa oriental, pensemos en el polaco Bruno Schulz, tal y como se manifiesta en  esa autorradiografía literaria llamada Lecturas de mí mismo.
Tuve la suerte de entrar a su poética gracias al primer título del Ciclo Zuckerman, La visita al maestro, en una añeja edición de Argos Vergara. Corría el año 1996 y recuerdo que las secciones culturales de diarios y revistas lo anunciaban como fuerte candidato al Nobel de Literatura. Bien sabemos que la Academia Sueca no le hizo justicia y que tuvo más de una oportunidad para premiarlo. A pesar de ello, sus lectores no nos lamentábamos. Razones sobraban: Roth era ajeno a esos caprichos.



adán


El pasado miércoles acompañé a una amiga al develamiento de una placa conmemorativa en la que fue la casa de Martín Adán, ubicada en el Boulevard de Barranco, en donde ahora funciona una pujante salsoteca, de ritmo cambiante de acuerdo a la exigencia del consumidor.
Para tal evento, se organizó una actividad cultural frente a la casa, en la que participaron gestores culturales y poetas del medio, que leyeron fragmentos de la obra de Adán, acompañados de una mágica ejecución de clarinete.
Un evento como este es fruto de la pujanza individual y el compromiso de un puñado de admiradores a los que no hace falta convencer sobre la importancia del escritor para la cultura peruana, cosa distinta para el barranquino promedio, asombrado del crecimiento inmobiliario que viene conquistando su distrito.
Barranco es un distrito concurrido, sin embargo, allí viven pocos barranquinos, según cifras no pasan de 60 mil habitantes, lo que en teoría haría viable un plan de concientización que asuma la riqueza cultural del distrito y así pueda defender su tradición ante los avances del supuesto progreso patentizado en el cemento.
Lo del miércoles es un claro ejemplo de lo que acabo de indicar: mucho seguidor de Adán, pero pocos barranquinos. En un país normal, un evento como este hubiese suscitado la concentración de, por lo menos, cientos de personas, o en todo caso una tendencia temática entre los vecinos, hablando de Adán sin necesidad de conocer su obra a profundidad, ya instalado como un nombre en el imaginario popular, tal y como ocurre con Vallejo. No es exageración: no son pocos los que consideran a Adán el poeta más grande del Perú.

miércoles, mayo 23, 2018

exponer el dolor


En la pasada feria de editoriales peruanas La independiente se presentaron varios títulos interesantes, de ellos destacó, y con mucha ventaja, El hijo que perdí (Anima del Invierno) de Ana Izquierdo Vásquez.
Hay libros que se anuncian con bombos y cohetones, refrendados por Likes y comentarios que posicionan al autor de ocasión como firme promesa, pero ya tenemos experiencia en estos asuntos para no caer en la trampa de la huachafada virtual: una cosa es el saludo plástico y otra la experiencia de la lectura, la que termina legitimando o no el entusiasmo precedente.
Si este primer libro de Izquierdo viene generando una identificación con los lectores, no se debe únicamente a la experiencia trágica que cuenta, sino también al grado de exposición que la autora hace de sí misma mediante un discurso sobre las enfermedades físicas y emocionales que han signado tanto su vida como la de sus familiares más cercanos. Esta cadena de vivencias ha sido asimilada en pos de lo que interesa para este proyecto: el peso revelador que sustenta el laconismo, la frase cortante en estado de gracia. No hablamos de oficio, que depende de la práctica, sino de honestidad expositiva, es decir, ser fuerte en la manera que puedes serlo, transmitir en el silencio. 
La brevedad de este testimonio exigía una estrategia narrativa que Izquierdo cumple en la mayoría de capítulos, sin embargo, hierra cuando pretende intelectualizar el dolor valiéndose de otros libros testimoniales que abordan el duelo, como si buscara una teoría de apoyo en la sola enunciación, innecesaria para su narración. Más allá de este reparo, El hijo que perdí se posiciona como un texto que va más allá de su condición, que no solo nos deja lo que pocas veces vemos, experiencia literaria, sino también una enseñanza de vida: la reconciliación del lector consigo mismo.

viernes, mayo 18, 2018

lum, otra vez


Para nadie pensante resulta novedoso que una de las obsesiones del fujimorismo es convertir el LUM (Museo de la Memoria) en un “restaurante” frente al mar. La razón es muy simple: este lugar representa lo que la política naranja quiere ocultar de su historia política en su lucha contra el terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA.
Por esta razón, aprovecha y se aprovechará de todas las torpezas que puedan cometer en este espacio, cuyos directores hacen (y han hecho) gala de una ingenuidad digna del ahuevamiento caviar, por no hablar de la desconexión que esta facción de parodia de izquierda proyecta de la realidad peruana.
Este museo ya agotó su tiempo de gracia, no estamos hablando de una entidad nueva que viene perfilando su política de manejo. Se supone que los problemas del LUM tendrían que ser otros, más ligados a la logística de sus actividades y servicios, no al discurso que este debe ofrecer de nuestra sociedad. Su mayor problema sigue siendo el mismo desde su creación: su falta de pluralidad, que felizmente no vemos en las exposiciones permanentes, pero sí en su material humano que acomoda lo sucedido en el país al antojo de sus convicciones ideológicas, lo que aparte de reflejar una soberana pendejada, revela también una condenable insensibilidad hacia las familias de los peruanos huérfanos de padres policías y militares. 
Valiéndose de este agujero moral, es que políticos cuestionados como el congresista Edwin Donayre, apelando a la metodología Mamani, arman trampas para reforzar su crítica contra este museo. No me gusta sintonizar con la impresión de la derecha ultramontana, pero lo sucedido días atrás (ver aquí) tendría que obligar a las autoridades pertinentes a filtrar el discurso ideológico que manejan los empleados del LUM. Cada quien tiene derecho a abrigar la ideología que prefiera, pero no imponerla como escudo de propaganda cuando nos referimos a una memoria teñida de sangre de miles de peruanos.

jueves, mayo 17, 2018

wonder boys


Hace trece años Sergio Galarza y Leonardo Aguirre inscribieron sus nombres en la historia no oficial de la narrativa peruana. Puñetazo y patadas del primero al segundo a razón de una reseña negativa. Sobre esta manifestación de afecto se ha dicho mucho y me quedo con el dictado del sentido común: se armó esa infantil gracia barrial contra el entonces vitriólico crítico literario.
Desde mediados de los noventa, Galarza es considerado un autor de culto a razón de su primer libro, Matacabros. A la fecha algunos cuentos de la publicación han sido llevados al teatro y adaptados como cortometraje. Sin embargo, lo que hizo después no me entusiasmó para nada, hasta que publicó el testimonio Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre, libro medular que le permitió calibrar la vena emocional, poniendo en orden sus recursos narrativos, los cuales vemos en su buena novela Algún día este país será mío, en donde sus intereses temáticos están signados por la madurez, manteniendo la cualidad y consecuencia que lo ha identificado: como autor tiene mucho por decir y no son pocos los que se identifican con su propuesta.
En 2005 Aguirre se dio a conocer con un cuentario que algún editor tendría que rescatar ya: Manual para cazar plumíferos. Aquí están las señas que desarrollaría en sus seis incursiones, en las que transita por las parcelas del humor, el límite del lenguaje y la autorreferencialidad. De las plumas peruanas del nuevo siglo, es quien más reseñas favorables ha conseguido. No sorprende: sus acrobacias formales gustan a los críticos. Pero no a los lectores. Aguirre no tiene que demostrar que es un escritor talentoso, su tarea ahora es madurar y ser capaz de transmitir dimensión humana, ausente en Interruptus. El consejo, de bró: reírse e indignarse de sí mismo.



lunes, mayo 14, 2018

lunes peculiar


No lo vamos a negar: divierten las especulaciones sobre la extensión de la suspensión a Paolo Guerrero. Cada quien, desde su trinchera, hace suyo su derecho a la sentencia futbolera. Por un lado, quienes justifican la suspensión, subrayando la falta de profesionalismo de Guerrero, con mayor razón siendo un atleta de alta competencia. Por otro, el miedo que suscita su ausencia: el arribo de Claudio Pizarro. Entre ambos bandos: las declaraciones de Doña Peta en la mañana, quien aseveró que detrás de esta situación difícil para su retoño hay una conspiración para colocar en la lista de 23 al aún delantero del Colonia.
A medida que pasan las horas, la razón exige acto de presencia en este carnaval de impresiones. Entonces, uno se informa sin informarse, y al igual que miles, leo la reglamentación de la FIFA, que indica a las selecciones participantes que pueden presentar una lista previa de hasta 35 jugadores, partiendo de ella se escogerá a los que irán a Rusia. Si hay un convocado más, será a cuenta de algún lesionado, solo en esa situación. No sirve la suspensión para esto, lo que nos señala que ni Pizarro, ni Benavente, podrán ser parte de la próxima gesta deportiva, menos Lapadula, tal y como piden algunos subnormales en las redes sociales. 
Mientras tanto, al momento que bebo una botella helada de Aloe, pienso en la valentía de Doña Peta, quien no tiene cómo probar la supuesta mano negra que pretende perjudicar a su hijo, pero lo que dice no deja de sintonizar con una facción de la poblacional peruana, segura de la presencia de una mafia en la FPF, patentizada por el sinuoso Oviedo y las relaciones de poder de los Pizarro, que, entre otras perlas, en 2007 pretendieron poner al menor de la familia en la selección de los Jotitas que participó en el Mundial Sub 17 de Corea del Sur. Oré no se prestó a esa jugada. Bueno, tampoco había que pensarlo mucho, Diego Pizarro era malazo.

jueves, mayo 10, 2018

rescatar


En la tarde de ayer miércoles me pasaron un enlace, en donde se encuentra el audio del conversatorio Nuevas tendencias en la poesía peruana, organizado por el grupo Ánima Lisa. En dicho encuentro participaron Roberto Valdivia, Víctor Ruiz y Victoria Guerrero.
Quien quiera escucharlo, puede entrar aquí (eso sí, a tener en cuenta: sacar tiempo, subir el volumen (de fondo suena la salsa “Yo no sé mañana” de Luis Enrique) y preparar un termo de café bien cargado, porque el audio dura dos horas y media.
Llamó mi atención la intervención de Guerrero, que lanzó un dato que me sacó de órbita, el cual sirvió de despegue, especie de regreso al futuro de los años noventa. Cuando Guerrero se refiere a la poesía de aquella época, menciona a Montserrat Álvarez, voz fundamental que publicó un poemario titulado Zona Dark (1991).
Solo he visto tres veces este poemario. Como muchos, lo he leído en fotocopias. Recuerdo el impacto que generó su publicación, resonancia en la que colaboró la propia Álvarez mediante manifestaciones extrapoéticas. Sin embargo, poses de lado, lo que importa es la indudable vigencia del libro, de los caminos que este podría ofrecer en la actualidad.
Días atrás un buen amigo me enseñó la única edición del poemario, que acababa de comprar en Internet. La mágica extrañeza hizo acto de presencia y también destapó el oculto deseo de ver una nueva edición del mismo. 
Ahora es mucho más fácil reeditar y rescatar libros de poesía peruana, los cuales reclaman una presencia que se imponga en la fuerza del texto. En este sentido, sorprende que a ningún editor independiente local no se le haya ocurrido ponerlo otra vez en circulación. Estamos ante una de esas raras apuestas poéticas que no solo garantizan agudos y positivos comentarios críticos, sino también ganancia, o en el menor de los casos una recuperación de la inversión.

miércoles, mayo 09, 2018

moh


Aunque solo una es una obra maestra, los episodios que conforman la serie Masters of horror bien podrían servir de manual narrativo, por lo menos. Del mismo modo como acicate para algún creador en pleno bloqueo mental, o como bien dicen: el hiato del cerebro seco.
Escapa a mi memoria la fecha exacta que la vi por primera vez, aún no se subían las historias a Youtube (ahora puedes encontrar la mayoría), y solo las podías ver por canales de cable. Un buen amigo, amante de la temática de horror, fue quien me habló de esta serie, a mediados de la década pasada, y que contaba con directores como John Carpenter, Dario Argento y Joe Dante, entre los más conocidos.
Cigarettes Burns (o El fin del mundo en 35 mm) de Carpenter, me significó no solo un descubrimiento, sino también un punto más a favor de contar historias partiendo de elementales componentes inventivos. Se trata del episodio que más veo de la serie y el que me sirve de recomendación, o llámale puerta de entrada, para todos aquellos aún presos del prejuicio que consideran deleznables estos trabajos, por el solo hecho de que sus directores pertenecen a la segunda división de la industria del entretenimiento audiovisual. Como fuere, gracias a este episodio no solo me volví hincha de MOH, sino también fue el inicio de mi admiración hacia toda la filmografía del director.
También descubrí autores que, sin ser la gran cosa, cumplieron con relatar una buena historia, entretener sin caer en el lugar común, pienso en Valerie on the stairs de Mick Garris, que tranquilamente podría gustar a cuanto literatoso local. 
En lo personal, no me hago problemas con mostrar mi apego por esta clase de trabajos. En su obvia sencillez encierran una epifanía mediante el miedo y la imaginación trastocada. Hay pues realismo sin ser tal, más o menos en onda a lo que David Roas sostiene en su imprescindible título Tras los límites de lo real. Una definición de lo fantástico, que el interesado tendría que conocer para reforzar más su naciente/trajinado inclinación por el horror y sus derivados.

domingo, mayo 06, 2018

lc


Entre las películas que no me canso de recomendar del francés Léos Carax, quizá su más polémica: Pola X (1999).
Ya perdí la cuenta de las veces que la he visto y volví a ella en esta madrugada tras leer una novela peruana que me mató de aburrimiento. A lo mejor, este interés por buscarla entre mis películas se debió a que en estos días he recibido extrañas señales sensoriales que me remiten a un trabajo suyo peculiar, Holy Motors (2012).
A Pola X le tengo mucho cariño. Fue la primera película de Carax que conocí en una tarde noche en la Filmoteca, cuando esta era tal en el Museo de Arte y no en lo que se ha convertido ahora en el Ccpucp.
Nunca ha llamado mi atención el “malditismo” con el que se asocia a Carax, en ese sentido la prensa y la publicidad han hecho su trabajo y el francés no ha sido extraño a esos favores de la promoción, colaborando aún más en su leyenda de enfant terrible.
Esta película sigue perdurando debido a la extrañeza de sus componentes estéticos ligados a la imperfección formal. Las líneas argumentales (basadas en el relato “Pierre o las ambigüedades” de Herman Melville), relacionadas al incesto, han ido perdiendo luz, imponiéndose la brutal configuración de sus protagonistas alucinados, del mismo modo algunas escenas, a saber, la de una orquesta ensayando en una fábrica abandonada, cuyos sonidos arcaicos vienen acompañados por aves de corral que se pasean por entre el director y músicos. 
El caletismo ilustrado no fue lo que me llevó a ver la película, sino más bien una motivación más frívola que considero justificable: en aquel entonces acababa de ver los primeros trabajos de Polanski, siendo Repulsion el que se había posesionado de mi juvenil mente influenciable, sea por el argumento, la carga tanática de las atmósferas y, obviamente, Catherine Deneuve.

jueves, mayo 03, 2018

la independiente


El éxito de la segunda edición de la feria de editoriales La Independiente se debió a que superó el mayor error de la primera: ahora hubo una logística eficiente de comunicación que promocionó los eventos desarrollados a lo largo de sus nueve días. Los lectores pudieron ver atractivas presentaciones de libros, como El hijo que perdí de Ana Izquierdo Vásquez, Rebeliones inconclusas de Jeyme Patricia Hellman, La tarde de toros, reedición de la primera novela de Óscar Colchado, la Biblioteca Abraham Valdelomar, Cambiando el futuro de Diego García-Sayán y, sin exagerar, muchas más. Del mismo modo, hay que destacar la presencia de la reconocida colombiana María Osorio, que brindó talleres que revolucionaron la visión editorial de los asistentes.
También gratificó ver a Silvia González, presidenta de Editoriales Independientes del Perú. Hacía falta una voz comprometida que nos haga olvidar los proyectos gremiales que en la década pasada brillaron por la demagogia, la ociosidad, el lustrabotismo estratégico y la nula capacidad de gestión.
Los sellos limeños y de provincias que participaron fueron convocados previa postulación. Hace más de un mes conversé con los encargados de la Dirección del Libro y la Lectura del Mincul sobre la urgencia de proyectar transparencia en nuestro circuito editorial independiente, sugiriéndoles informarse a fondo del mismo, puesto que durante años viene siendo cuestionado por falta de decencia y una persistente informalidad. Por ello, sorprendió toparme con “editores” famosillos por estafar a autores y no con Julio Isla Jiménez de Alastor. Isla trabaja mediante la autogestión, dicta talleres y es reconocido por libreros, autores y lectores. Postuló a La independiente con los dos tomos de la antología del romanticismo francés Los hijos del limo, además, en los días feriales publicó El sentido americano y universal de la poesía de César Vallejo de Antenor Orrego. Librazos, ¿no, señores?



de oportunismo


Más allá de si me agraden o no los Humala, resultaba repulsivo verlos víctimas de un sistema judicial que los había condenado a prisión preventiva cuando en otros casos, aún más graves que los cometidos por la ex pareja presidencial, no se aplicaba el mismo criterio legal.
Hubo, pues, un abuso. Y en ese abuso se esgrimieron todos los discursos inimaginables de los ayayeros de Nadine Heredia, la protagonista de esta historia, en la que estos hueleguisos tienen puestas sus futuras esperanzas políticas o, en todo caso, la vigencia de su círculo de poder. No así en el esposo, que no solo está acusado por el caso Odebrecht, sino que también pesan sobre él serias acusaciones de violación de derechos humanos.
Esta estratégica apología de la corrupción viene a cuenta de nuestras mentes más privilegiadas del guachimanismo virtual, esos pequeños seres atentos al comportamiento avieso de la platea, listos para el verbo y adjetivo denigratorios a quienes se atrevan a poner en duda sus palabras esgrimidas desde las tierras celestes de la superioridad moral. Veamos pues a Gustavo Faverón, que desde hace rato ya hizo méritos para ser catalogado de Intelectual barato, y no por lo que todos ya sabemos (que las feministas se encarguen de apalearlo por sinverguenza), sino precisamente por la bajeza que supone su defensa de Heredia, que se delata en su doble rasero: el discurso político con mis amigos, y la moralidad y exigencia de la ley para los que no lo son o, lo que es peor, para quienes no me caigan bien. Por ejemplo, esta perla de la estupidez: aseverar que Heredia es víctima de un plan del fujimorismo para sacarla de la carrera política es de una gratuidad reñida con el sentido común (solo coge la información que le conviene). Hay que ser responsable cuando se ejerce una opinión y esta clase de dislates poco favor le hacen a su ya maltratada imagen: la triste realidad sobre los saludos virtuales. 
Bien lo da a entender Vargas Llosa en El pez en el agua: el intelectual barato es aquel que naufraga en las acequias del oportunismo.